jueves, 7 de enero de 2016

jueves, 17 de abril de 2014

¿PUDO SOBREVIVIR JESÚS A LA CRUCIFIXIÓN?

 
Recupero el artículo que escribí en 2011 a petición de algunos lectores e intentaré ampliarlo en entradas sucesivas.
Cicerón describe la crucifixión como la más cruel y terrible de todas las formas de ejecución.

La crucifixión ha sido una de las maneras más espeluznantes con la que los hombres han sido ajusticiados por sus semejantes. La crucifixión no es sólo muerte, sino también tortura, dolor, agonía... era el método de asesinato legal más espantoso, así como elemento disuasorio y de advertencia a todo el que pudiera pensar en vulnerar las leyes. Por ello, la crucifixión era pública y en lugares abiertos para que los cuerpos quedaran expuestos y todos pudieran ver la magnitud del castigo.

Gracias al descubrimiento en 1968 de los huesos de Giv’at ha-Mitvar, al norte de Jerusalén y que pertenecían a un hombre crucificado de unos 26 años de edad y 1,67 metros de altura, podemos tener una idea muy completa de cómo era en realidad el suplicio de la crucifixión.clavos pie
Como describen los Evangelios, los reos de muerte eran flagelados. Dentro del protocolo de la flagelación los romanos utilizaban tres grados de intensidad, utilizando el más duro para los reos de muerte, a los que tras el severo castigo, cargaban el travesaño o patibulum sobre los hombros y le hacían llevarlo hasta el lugar de la ejecución, donde el madero vertical o stipe ya estaba clavado de manera fija. El hombre era tendido en el suelo boca arriba y sus brazos clavados al travesaño por los huesos de la muñeca; entonces se subía el travesaño y se fijaba al madero vertical, le subían las piernas y le clavaban los pies al madero. El examen de los clavos ha demostrado que el clavo atravesaba antes un trozo de madera de acacia o almendro para fijarse mejor. En el caso concreto de Giv’at ha-Mitvar, el clavo se había fijado a los huesos de los talones de tal modo que para descolgar al reo tuvieron que cortarle uno de los pies. Todo el peso del cuerpo quedaba colgado de los brazos, por lo que el cuerpo tiraba hacia abajo colapsando los pulmones, y el reo debía elevar su cuerpo para poder respirar y comenzaba una agonía que podía durar horas y horas e incluso días, hasta el fallecimiento, generalmente por asfixia, entre aterradores sufrimientos. Por encima de su cabeza se clavaba un cartel donde se daba cuenta de los crímenes cometidos por el reo.

Como medida de gracia, los soldados podían partir las piernas de los reos a golpes para acelerar su muerte, tal y como demuestra el examen médico de estos huesos donde el ángulo de la fractura es clave para determinar la postura exacta del reo en la cruz. Los huesos de Giv´at ha-Mitvar nos muestran heridas atroces que testimonian el completo desprecio por la vida y el dolor ajeno.

El relato de los evangelios nos hace pensar que Jesús llegó en condiciones muy precarias a la cruz debido a los sufrimientos y torturas padecidos tanto por la guardia del templo como por los romanos, sobre todo por la flagelación a que fue sometido.
CRÓNICA DE UNA CRUCIFIXIÓN
Desde la base de los conocimientos de la fisiopatología del paciente traumatizado, se puede llegar a inferir, hoy en día, los cambios fisiológicos padecidos por Jesucristo durante su pasión y muerte. Los relatos bíblicos de la crucifixión descritos a través de los evangelios y documentación científica al respecto, describen que padeció y sufrió el más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir un ser humano.

Descubrimientos arqueológicos relacionados con las prácticas romanas de la crucifixión, nos proveen de una información muy valiosa que da verdadera fuerza histórica a la figura de Jesús, y a su presencia real en la historia del hombre.

Históricamente este acontecimiento se inicia durante la celebración de la pascua judía, en el año 34 de nuestra era. La última cena, en realidad la cena pascual o seder con la que la tradición judía conmemoraba el éxodo, esta cena se realizó el jueves 6 de abril (13 de nisan), la crucifixión se llevó a cabo el 7 de abril (14 de nisan).

oración huertoEl pasaje de los Evangelios conocido como la oración en el huerto o de Getsemani, es el lugar donde comienza el drama de la crucifixión. Los escritores sagrados describen lo vivido por Jesús antes de ser tomado como prisionero, lo refieren como una mezcla indecible de tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza. Esto expresa una pena moral que ha llegado al mayor grado de su intensidad.

Fue tal el grado de sufrimiento moral, que según los cronistas sudó sangre, manifestación somática denominada (hematihidrosis o hemohidrosis). “sudor de sangre, que le cubrió todo el cuerpo y corrió en gruesas gotas hasta la tierra”. (Lc 22, 43). Este sudor de sangre no es normal dentro de la experiencia médica y de ser debería presentarse asociado a desórdenes sanguíneos, con congestión vascular capilar y hemorragias en las glándulas sudoríparas.

Después de esta primera situación ocasionada por la angustia intensa. Es sometido a un ayuno que durará toda la noche, durante el juicio, y persistirá hasta su crucifixión.

La flagelación

flagellum txillatum
La flagelación era un paso previo, legalmente constituido, anterior a toda ejecución romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, de tal manera que obligatoriamente la espalda debía estar encorvada, de modo que al descargar sobre ésta los golpes, podían hacerlo con toda la fuerza.

El instrumento usual era un látigo corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de oveja a varios intervalos. El castigo infringido de manera repetida sobre la espalda ocasionaba profundas contusiones y hematomas, así como desgarros de la piel y del tejido subcutáneo, las laceraciones llegaban a cortar hasta los músculos produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada y pérdida importante de líquidos (sangre y plasma).

Si a ello añadimos que la hematidrosis sufrida en Getsemaní había dejado la piel muy sensible en Jesús, el panorama no podía ser más terrible y desolador.

Copia de flagellum txillatum
Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas. A Jesús, le fue colocada sobre su cabeza, como emblema irónico de su realeza, un casco de espinas, probablemente para ello se empleara el Zizyphus o Azufaifo, llamado Spina Christi , de espinas agudas, largas y corvas, y muy abundante en la zona.

La crucifixión

Los romanos utilizaban tres tipos de cruces para sus ejecuciones:

La crux decusata, conocida como cruz de San Andrés, tenía la forma de X.

La crux commissata, o cruz de San Antonio, parecida a la letra T.

La crux immisa, es la llamada cruz latina que todos conocemos.

Como era la costumbre Jesús fue obligado a cargar con el patibulum de la cruz desde el lugar de la flagelación al lugar de la crucifixión, colocado sobre ambos hombros y con el traqueteo de la marcha éste hacía que los espinos del casco se clavaran más profundamente en la cabeza.

Con un presumible agotamiento extremo y debilitado por la pérdida de sangre y el dolor de las laceraciones, tuvo que caminar un poco más de medio kilómetro para llegar al lugar del suplicio.

Antes de comenzar el suplicio de la crucifixión, era costumbre dar una bebida narcótica a los condenados; con el fin de mitigar un poco sus dolores y paliar la más que posible deshidratación. Cuando presentaron a Jesús este brebaje, no quiso beberlo (según sus cronistas).

Con los brazos extendidos, las muñecas eran clavadas en el patíbulum, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo eran, probablemente, puestos entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos carpianos, ya sea cerca o a través del fuerte ligamento carpal transversal (flexor retinaculum) y los ligamentos intercarpales. En estos lugares aseguraban el cuerpo.

La posibilidad de una herida periósea dolorosa fue grande, al igual que la lesión de vasos arteriales tributarios de la arteria radial o cubital. El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor, semejantes a descargas eléctricas, en ambos brazos.

Los pies eran fijados al frente del estipe por medio de un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano. El nervio profundo peroneo y las ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del pie fueron afectados.
CRUCIFIXION1

San Meliton de Sardes escribió: “los padecimientos físicos ya tan violentos al hincar los clavos, en órganos por extremo sensibles y delicados, se hacían aun más intensos por el peso del cuerpo suspendido de los clavos, por la forzada inmovilidad del paciente, por la intensa fiebre que sobrevenía, por la ardiente sed producida por esta fiebre, por las convulsiones y espasmos, y también por las moscas que la sangre y las llagas atraían.

Analizar desde la óptica del sudario de Turín la posible supervivencia de Jesús requiere una pregunta previa ¿Fue el cuerpo de Jesús el que envolvió la síndone?

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El primer escollo a superar es la datación de la antigüedad de la propia síndone, pero una vez superadas las teorías que hablaban de una falsificación de la Edad Media, si parece plausible que el lienzo tenga la antigüedad requerida para ser la mortaja de Jesús, al lector que desee profundizar más les remito a mi libro “El Enigma de la Sábana Santa de Plasencia”, pero lo que no podemos afirmar nunca desde el punto de vista científico que el controvertido lienzo envolviera el cuerpo del nazareno, podemos decir que todo apunta a que la impresión del lienzo presenta a una persona que sufrió el mismo maltrato que Jesús, con detalles sobre la crucifixión que parece ser sólo sufrió el propio Jesús, pero no podemos afirmar empíricamente que fuera él el cuerpo que presenta la síndone, quedando esta cuestión fuera del ámbito científico.

Sin embargo haciendo uso del cálculo de probabilidades y partiendo de consideraciones objetivas sí podemos afirmar que la probabilidad matemática de el tema en cuestión es altísima a favor de que realmente la síndone envolviera el cuerpo de Jesús. Para ello tomemos en consideración una serie de características del hombre de la síndone y enfrentémosla tanto a los evangelios, como a los estudios científicos, y como no, a los usos y costumbres que los romanos aplicaban a la ejecución mediante la crucifixión:

1º.- Es sabido que la crucifixión era la forma de ajusticiar más deshonrosa y que estaba reservada a los asesinos y criminales de más baja condición sin descartar también a los reos por crímenes políticos, por tanto, el castigo no terminaba con la muerte del reo sino que el desprecio al cadáver, como manifestación ejemplarizante, era casi tan importante como la ejecución, ya que de no ser así los verdugos emplearían otro método que no les comportara tanta labor. Por todas estas cuestiones es difícil que un crucificado tuviera una sepultura según los cánones, sin embargo, tanto Jesús a través de las citas evangélicas como el hombre de la síndone fueron envueltos en un lienzo (mortaja) tras la muerte.

2º.- No existe ninguna referencia histórica que indique que los crucificados se les pusiera un casco de espinos, las referencias evangélicas nos hablan de una corona de espinas y la imagen de la síndone evidencia un casco de espinas.

3º.- Lo habitual para acelerar el fallecimiento del reo era quebrar las piernas del mismo y que muriera por asfixia, aquí de nuevo coincide el evangelio de Juan con la imagen del lienzo ya que las piernas no están rotas.

4º.- En el lienzo no existen restos de descomposición, luego la exposición del cadáver en el lienzo fue breve; otra cosa es la impronta del cadáver que no analizaremos en este artículo y que continúa siendo un misterio, el cadáver fue descolgado, envuelto y de manera apresurada depositado en la tumba, debemos recordar la cercanía de la Pascua y la prohibición de realizar trabajos y tener contactos con cadáveres, la tumba no se visitó hasta el amanecer del domingo encontrándose sólo los lienzos.

Atendiendo a estas consideraciones podemos afirmar que con toda probabilidad el crucificado de la síndone sólo tiene explicación en la figura de Jesús de Nazaret.
El lector que tenga interés en profundizar en estos datos puede acudir a los trabajos de Giulio Fanti y Emanuela Marinelli, quienes afirman: “Es más probable sacar 52 veces el mismo número en la ruleta que afirmar que la síndone de Turín no es autentica”.

Pero... ¿Qué nos dice el hombre de la síndone?

Todo el cuerpo que presenta la imagen de la sábana, tanto su parte frontal como dorsal, está cubierto de heridas de pequeño tamaño, pequeños círculos de unos 12 mm, separados entre sí pero unidos por una línea transversal difícil de apreciar a simple vista; vistas a la luz ultravioleta se muestran con un color azulado (típico de la sangre) enmarcadas con un halo de suero que las rodea.

18171_flagelacionLas lesiones están en todo el cuerpo, espalda, piernas, pecho, vientre, glúteos etc., pero respetando la zona del corazón, lo que demuestra la profesionalidad de los verdugos, quienes al infringir el castigo se preocuparon muy mucho en no asestar ningún golpe que fuera fatal. Sin duda alguna estamos ante las huellas de una flagelación romana infringida de manera sistemática, es decir, no se fustigaba al azar, ni con el cuerpo del reo en movimiento, sino que la flagelación tenía una finalidad en sí misma.

En la imagen existen una serie de manchas de sangre en la zona frontal, temporal, parietal y occipital. Todos los estudios están de acuerdo de que se trata de lesiones provocadas por objetos punzantes que, debido a su gran número, le produjeron una hemorragias múltiples y un agudísimo dolor. Experimentos médicos realizados para determinar el origen de estas heridas confirmaron que tan sólo un casco de espinas o púas podrían producirlas.

La región occipital presenta un mayor castigo, ello hace suponer que el hombre de la síndone, si fue Jesucristo, debió llevar la corona con el patíbulum sobre los hombros, conservándola en la cruz, confirmándonos este dato el que se distingan nítidamente los coágulos de la nuca, pues, si no hubiera llevado la corona durante el camino al Calvario y en la cruz, las caídas y la continua fricción contra el patíbulum hubieran deformado los coágulos.

Según Tácito, (Anales III,14) “los condenados a morir en la cruz debían llevar el patíbulum sobre los hombros hasta el lugar de ejecución, encuadrado entre cuatro soldados (el tetradiori) mandados por un centurión (el exactor mortis)” A este respecto el profesor Cordiglia dice: "Sobre el hombro derecho, región supra escapular y región acromial derecha, se observa una vasta zona excoriada y contusa, de forma casi rectangular, que se extiende algo oblicuamente de arriba abajo y de afuera adentro, de unos diez por nueve centímetros. Otra zona de iguales características se observa en la región escapular izquierda. Un examen atento de ambas zonas nos revela que sobre ellas ha gravitado, aunque fuera a través de alguna vestidura, un instrumento rugoso de considerable peso, de 14 centímetros de espesor, móvil y abrasivo, el cual ha allanado, deformado y vuelto a abrir las lesiones producidas por la flagelación, lacerando los labios de las heridas y produciendo otras nuevas. Este complejo traumático de contusiones y excoriaciones induce a pensar que ha sido causado por el patíbulum que el condenado sostenía transversalmente con ambas manos sobre los hombros en su viaje al lugar del suplicio (...), ahora bien, conociendo la talla del hombre de la síndone podemos deducir que sus brazos abiertos presentarían una envergadura de 1.65 metros, lo cual implica que aquel palo transversal pesaría unos 65 kilogramos (...). A cada caída del sentenciado, del tosco palo que llevaba a la espalda el hombre (...) al no poder sujetarlo con las manos, le rodaba sobre la espalda magullando la piel con su peso y con sus asperezas”.

En cuanto a la propia crucifixión el mismo Dr. Cordiglia nos ilustra: "La disposición de las manchas de sangre proclama inequívocamente y confirma que el hombre que ha dejado su impronta en la Síndone ha sido crucificado".CLAVO
El hombre de la Síndone presenta la herida de los clavos en la muñeca, no en la palma de la mano como se representaba tradicionalmente a Jesús crucificado. Pero es lógico: si hubiesen clavado al hombre de la síndone por la palma de las manos, se hubiera desgarrado la piel de las manos, y el cuerpo hubiera caído al suelo, podemos afirmar que el clavo que fijó los brazos atravesó la muñeca por el Espacio de Destot, un paso anatómico preformado y normal, camino natural por donde el clavo pasa fácilmente, y donde es mantenido muy sólidamente por los huesos del carpo y el ligamento anular anterior, sobre cuyo extremo superior se apoya. Este ligamento anular es tan fuerte que puede sostener, sin rasgarse, hasta 200 kg de peso.

Al atravesar el clavo el espacio de Destot, el pulgar se flexiona bruscamente (colocándose atravesado a la dirección de los demás dedos) por contracción de los músculos tenarios, mientras que los otros dedos se flexionaban sólo ligeramente, debido quizás a la excitación mecánica de los tendones musculares flexores mayores. Es por ello que en la síndone, las dos manos vistas por el dorso no presentan más que cuatro dedos. Los pulgares se hallan bajo las palmas".

En cuanto a los pies, la localización de la llaga del pie derecho es patente en la síndone, el pie derecho ha marcado su huella completa. Del izquierdo sólo se ve el talón y la parte central. Los dedos no aparecen, estando como encorvado sobre sí mismo, acentuando la concavidad de su planta. Esto nos indica que el pie izquierdo estuvo clavado sobre el derecho y cruzado sobre él: la planta del pie izquierdo sobre el empeine del derecho.

Al hombre de la Síndone le clavaron los pies directamente sobre el stipe, el izquierdo cruzado sobre el derecho, con un solo clavo, por el segundo espacio intermetatarsiano. La rodilla izquierda habría quedado doblada sobre la derecha, la hemorragia que produciría la entrada del clavo por ahí no es mortal y la sangre venosa debió chorrear principalmente después de que fuera retirado el clavo.

¿Desprende la sábana santa algún dato que pudiera darnos la posibilidad de la supervivencia del nazareno?

cristo velado

Antes de que Jesús muriese los sanedritas pidieron a Pilatos que ante la inminente llegada de la Pascua se rematara a los reos ya que en tan señalado día estaba prohibido que hubiera cadáveres que se pudieran visualizar. Según la costumbre romana el adelantar la muerte de los reos de crucifixión se realizaba mediante la técnica llamada “crurifragium” que consistía en quebrar las piernas a golpes, de ésta manera morían rápidamente por asfixia.

Fueron quebradas las piernas de los dos acompañantes de Jesús, pero al llegar a éste y observar que ya estaba muerto renunciaron a golpearle, lo que no fue óbice para que uno de los soldados le traspasara el pecho con una lanza a fin de asegurarse que el reo estaba muerto.

Los forenses explican que en la crucifixión la muerte puede producirse por tres mecanismos:

1. asfixia .- En la postura de la crucifixión, con los brazos soportando el peso del cuerpo, los movimientos respiratorios se hacen cada vez más difíciles y llevan a la insuficiencia respiratoria

2. Shock hipovolémico.- Ocasionado por la pérdida de líquidos, fundamentalmente sangre de las heridas de los clavos y los latigazos previos, en el caso de Cristo, pero también sudor y vómitos- que pueden llevar al fallo multiorgánico.

3. Shock traumático.- con componentes de los dos anteriores agravados por el intenso dolor ocasionado por múltiples heridas.

MIÑARROII
Cristo de Miñarro
Según los evangelios, al producirse la lanzada surgió de la herida sangre y agua, los médicos han determinado que el pericardio (especie de saco membranoso que envuelve el corazón) debió ser alcanzado por la lanza, se pudo ocasionar una perforación del ventrículo derecho o tal vez había un hemopericardio postraumático, o bien, fluido de pleura y pericardio, de donde habría procedido la efusión de sangre y agua.
Ante todas estas conjeturas sería extraordinario que Jesús no hubiese muerto en la cruz, sobre todo por todas las torturas que le habían infligido anteriormente; sin embargo, no era algo totalmente imposible, el historiador Flavio Josefo registra algún caso semejante en sus escritos, señala el profesor Miguel Lorente profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y especialista en análisis de ADN, a lo que añade otras circunstancias como la prisa de los discípulos, motivada por el miedo y por la proximidad del sábado, durante el que no podría hacerse nada; todo ello contribuye al posible y excepcional suceso de la supervivencia de Jesús.

Ese cúmulo de casualidades constituyen un verdadero milagro. En ese supuesto la resurrección como normalmente se entiende, como regreso de la muerte, se trataría de una resucitación biológica, un fenómeno en el fondo natural, pero extraordinario por las circunstancias que coincidieron en él.

La muerte y supervivencia de Jesús, afirma por su parte Miguel Lorente, es un milagro . Y no hay contradicción entre los hechos históricos, tal como él sostiene que fueron, y la idea de la resurrección como comúnmente la entienden los cristianos. Jesús venció a la muerte en unas circunstancias prácticamente milagrosas, y al reencontrarse con sus discípulos, éstos interpretaron como resurrección aquella resucitación biológica.

Cuando el centurión encargado de ejecutar el “golpe de gracia” atravesó el pecho de Jesús con su lanza, este se encontraba en un estado de «coma superficial o muerte aparente» Pero ¿Por qué no lo mató esa herida? Cabe la posibilidad de que la lanzada no fuera muy profunda, al realizarse en un ángulo muy agudo, ya que Cristo estaba situado mucho más alto que el soldado, y «el bisel de la propia herida pudo actuar como mecanismo de taponamiento y evitar una hemorragia copiosa», según el propio forense.

En este punto, las prisas fueron un factor clave en la supervivencia de Jesús: los soldados deseaban regresar a la ciudad cuanto antes porque al día siguiente era la fiesta de Pascua, y los amigos de Cristo querían bajarle de la cruz rápidamente y llevárselo al sepulcro de José de Arimatea, porque la ley judía prohibía enterrar un cadáver de noche y estar en contacto con cadáveres durante la Pascua que además coincidía con el sabat.

Miguel Lorente señala: «El descenso del cuerpo de Jesús supuso su colocación en decúbito supino, es decir, tumbado boca arriba, posición que permitió la redistribución de la sangre y con ella la revascularización cerebral y la disminución de la hipoxemia (falta de oxígeno en sangre) (...)». «...La propia acción del descenso de la cruz, unida a la preparación del cuerpo con sustancias de efectos terapéuticos (mirra y aloe), permitieron compensar el cuadro de 'shock' traumático causante del coma e iniciar una serie de cuidados para su recuperación, cuidados que debieron continuarse en otro lugar distinto al sepulcro y con medios diferentes».

Las conclusiones del profesor Lorente son sorprendentes. Por un lado, del análisis de las manchas de sangre y de la propia imagen que aparece en la reliquia (Sábana Santa) deduce que la persona envuelta por la sábana no había muerto: no presentaba la típica rigidez (rigor mortis) ni «livideces cadavéricas» (zonas del cuerpo donde se acumula la sangre por acción de la gravedad que adquieren un color rojo-violáceo). Por el contrario, el forense asegura que en el lienzo hay indicios de «signos de vitalidad». En ese sentido, recuerda que la sangre deja de coagularse unos 60 minutos después del óbito, por lo que un cadáver al que se le hubieran limpiado las costras de sangre reseca y barro de decenas de heridas habría producido una intensa hemorragia que no se aprecia en la reliquia. También alude a la posición de manos y dedos en la imagen de la sábana, a la contractura muscular y a la disposición del cuerpo, ligeramente incorporado, para concluir que aquel hombre no había fallecido.

 ¿Existen datos, pruebas o leyendas de un Jesús vivo después de su muerte?

Los Evangelios nos hablan de la tumba vacía y de las posteriores apariciones de Jesús en las que se presenta con un cuerpo consistente, material; ¿puede esto apuntar a que realmente Jesús no murió en la cruz? Sin duda este hecho no es determinante, ¿pero son determinantes las múltiples tradiciones y leyendas que nos hablan de un Jesús vivo y viajero tras la crucifixión?, muchos teólogos e historiadores así lo creen, pero juzgue el propio lector:

capilla de san ananías (damasco)
Capilla de San Ananías (Damasco)
Mir Kawand, un historiador iraní hace alusión a un lugar cercano a Damasco (Siria) que ostenta un curioso nombre: Maqam-Isa o Mayuam-i-isa, que significa “el lugar dónde Jesús vivió”. Con ánimo investigador el teólogo alemán Holger Kersten realizó entre 1973 y 1974 unos viajes por Asia visitando bibliotecas y estudiando tradiciones como la de Mayuam-i-isa al comprobar que ésta la confirmaba el Talmud de Jmmanuel, que indica como Jmmanuel (Jesús) fue a Damasco una vez tubo la última “aparición” a sus discípulos, viviendo en aquel lugar durante dos años. Curiosamente, es durante este tiempo cuando San Pablo se convierte tras su experiencia en el camino sudoeste de Damasco.

Son varios los historiadores que nos hablan de un periplo viajero de Jesús a quien acompañaban María y Tomás, concretamente el libro de historia conocido con el nombre Rouzat-us-Safa contiene en sus páginas 130-135 una sorprendente narración:

"Jesús (la paz sea con él) fue llamado Mesías porque fue un gran viajero. Llevaba una bufanda de lana en la cabeza y una túnica de lana sobre el cuerpo. Llevaba un bastón en la mano; solía viajar de un país a otro y de una ciudad a otra y, al caer la noche permanecía donde estuviera. Comía verduras silvestres, bebía agua del bosque y efectuaba sus viajes a pie. En uno de sus viajes, sus compañeros le compraron una vez un caballo; montó en él durante un día pero, al no poder obtener provisión alguna para alimentarle, lo devolvió. Viajando desde su país, llegó a Nasibain, que se encontraba a una distancia de varios centenares de millas de su hogar. Con él estaban algunos pocos de sus discípulos que fueron enviados a la ciudad a predicar. En la ciudad, empero, circulaban rumores erróneos e infundados sobre Jesús (la paz sea con él) y su madre. En consecuencia, el gobernador de la ciudad arrestó a los discípulos y después requirió la presencia de Jesús. Jesús curó milagrosamente a algunas personas y realizó otros milagros. Viendo esto, el rey del territorio de Nasibain con todo su ejército y su pueblo, se convirtió en seguidor suyo. La leyenda de la "bajada de los alimentos" que se contiene en el santo Corán pertenece a los días de sus viajes". (sic)

EL CORAN
El Iman Abu Jaffar Muhammad bin Jarir a-Tabri en 1880 escribió que Jesús y su grupo tuvieron que partir rápidamente de Nisibis debido a un clima de hostilidad que se había levantado allí contra ellos.

En la mayoría de las escrituras musulmanas Jesús es llamado Yuzu Asaf, puede entenderse que en los supuestos viajes después de la crucifixión Jesús hubiera preferido un cierto anonimato, sobre todo durante los primeros años en Anatolia, y cuando fuera necesario utilizar un nombre distinto. Sin embargo, se proporcionan amplias descripciones que no dejan ninguna duda que el hombre conocido como Yuzu Asaf es identificado con Jesús y con Issa.

En la ciudad de Herat, un explorador del Sufismo, O. M. Burke, se encontró con una secta de unas 1000 personas que son devotos de Yuzu Asaf a quien ellos también conocieron como Issa, hijo de Maríam. Su tradición habla de Issa el profeta de Israel, que habiendo escapado de la cruz, viajó a la India y se estableció en Cachemira. Él era considerado poseedor del poder para realizar milagros. El líder de la secta en ese momento (1976), Abba Yahiyya (Padre Juan), podía recitar los nombres de la sucesión de sus líderes y maestros a través de casi 60 generaciones hasta el propio Yuzu Asaf.

Dentro del Corán hay muchos versos que hablan de Jesús, y a menudo de María también, pero éstos no hacen ninguna referencia a su nacimiento o su vida pública, ni contiene ningún contexto geográfico y temporal definido. Una posible excepción, sin embargo, es el Surah 23:50, donde se dice:

"Y Nosotros hicimos al hijo de Marium [María] su madre una señal, y Nosotros les dimos un refugio en una tierra alta que tiene prados y primaveras". (sic)

En Pakistán oriental, al lado de Cachemira se puede encontrar una supuesta tumba de María en un altozano cerca de un pequeño pueblo llamado Murree o Mari. La tumba se llama Mai Mari da Asthan que quiere decir " el lugar de descanso final de la Madre María." Su tumba está orientada de este-oeste, como es la costumbre judía, en lugar de norte-sur como es la costumbre islámica.

Cerca de Srinagar, hay un monumento en la piedra: el Trono de Salomón, que lleva cuatro inscripciones, las últimas dos son muy interesantes aunque fueron mutiladas en la conquista de Cachemira por los Sikhs en 1819. Sin embargo, fueron descritas por el historiador musulmán Mulla Nadiri, en 1413. Una traducción inglesa dice:

"En este lugar Yuzu Asaf proclamó sus profecías. Año cincuenta y cuatro [en el reino de Rey Gopadatta].  Y Él es Jesús, el profeta de los hijos de Israel".

Dentro de la literatura hindú el Bhavishya Maha Purana contiene unos diez versos que indican que Jesús estuvo en India/Cachemira durante el reinado del Rey Shalivahan cuyo reinado se ha ubicado alrededor de los años 39 al 50. Se dice que el rey encontró a Jesús aproximadamente en un punto situado a 10 millas al nordeste de Srinagar donde hay una fuente de aguas sulfurosas, Durante el interrogatorio del rey acerca de quién era él, Jesús contestó que él era Yusashaphat (interpretado como Yuzu Asaf por K. N. Ahmad), y que él ha sido conocido como Isa Masih (Jesús el Mesías). Estos escritos datan del año 115.

Supuesta tumba de Jesús

Supuesto sarcófago de Jesús

Realmente podemos decir que no hay datos históricos que avalen ni la muerte de Jesús en la cruz ni su resurrección, sin embargo sí que hay indicios históricos de un hombre de ideas y filosofías idénticas a las de Jesús, que a partir de aquellos años marcha hacia el este, dejando testimonio de su vida y de sus actos. Leyendas, tradiciones y textos antiguos nos refieren esta segunda vida de Jesús al Norte de la India, por esos documentos sabemos que Jesús tuvo hijos en Cachemira, y que de resultas de esta unión con una mujer, un hombre, Basharat Saleem, puede afirmar hoy ser el descendiente vivo de Jesús.

El historiador oriental Shaikh al Sa'id-us-Sadiq, muerto en Khurasan en el año 962, hace mención de los viajes de Yuz Asaf en su libroKamal-ud-Din vas Tmam-un-Ni'mat fi Asbat-ul-Ghaibut was Ksf-ul-Hairet, llamado también Ikmal-ud-Din. Este libro es considerado por los orientalistas occidentales como altamente valioso. En él se describe la escena de la muerte de Jesús. Se dice allí que Jesús, al sentir la aproximación de su muerte, envió a buscar a su discípulo Ba'bat (Tomás) y le expresó su último deseo referente a la continuación de su misión. Indicó a Tomás que construyera una tumba sobre su cuerpo en el lugar exacto en que expirase. Se estiró entonces con sus piernas dirigidas hacia el oeste y su cabeza hacia el este y murió. Esta escena queda descrita en las páginas 357 y 358 del mencionado libro.

La tumba que, según el relato anterior, fue en principio erigida por Tomás sobre el cuerpo de Jesús en el sitio exacto donde éste expiró, está situada en el distrito Khanyar, en pleno centro de la ciudad de Srinagar. En la calle puede verse en un poste de tendido eléctrico un cartel azul con la inscripción en blanco "Rozabal", contracción de las palabas Rauza Bal. El nombre Rauza se aplica únicamente a tumbas de los profetas, mientras que las tumbas de los santos se llaman Ziarat. El edificio en sí es una construcción rectangular, a la que está adosado un pequeño vestíbulo de entrada. Detrás del edificio se extiende un camposanto musulmán. Todas las tumbas de este camposanto están orientadas, según la costumbre islámica, de norte a sur.

        

  El que tenga oídos que oiga.



















































































jueves, 6 de marzo de 2014

La miracolística y los fenómenos paranormales IV

 

Corría el año 1622 cuando el padre Alonso de Benavides marchó al frente de 26 franciscanos con la misión de evangelizar los territorios de Nuevo México, territorios ocupados por las tribus de los apaches, navajos y comanches entre otros, que eran considerados salvajes y sanguinarios con los blancos; pero sorprendentemente estos venían a suplicarles que fueran a sus tierras para administrarles el bautismo y demás sacramentos de la fe cristiana.

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Ellos hablaban de la Dama azul (en alusión al color de su capa), quien se les aparecía y les hablaba trasmitiéndoles su fe. Los padres Juan de Salas y Diego López los acompañaron asombrados por aquella evangelización milagrosa, siendo recibidos por los paganos como hombres enviados por Dios.

El padre Alonso de Benavides, ante estos milagrosos sucesos, decidió viajar a España desde México para informar a sus Superiores. Llegó a España el 1 de agosto de 1630 y, antes de conocer a la Madre de Ágreda, escribió un memorial de los hechos, que se imprimió en Madrid ese mismo año y que entregó al rey Felipe IV, al Consejo de Indias y al General de su Orden el padre Bernardino de Siena.

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El padre Benavides fue a visitar a la Madre de Ágreda con autorización del Padre General.

“Escribo aquí parte de las maravillas que la divina Majestad ha obrado y va obrando en las conversiones del Nuevo México por ministerio e instrucción de la dichosa Madre María de Jesús, abadesa de su convento de la Concepción descalza de nuestro seráfico Padre san Francisco, en protección y gobierno de la santa provincia de Burgos en la villa de Ágreda. Las cuales maravillas la misma Madre María de Jesús me manifestó y dijo a solas en el confesionario a mí, fray Alonso de Benavides, de la Orden de nuestro Padre san Francisco.”

Existen tantos testimonios que difícilmente podemos considerar estos hechos como fruto de la imaginación calenturienta de una época ávida de milagros, no debemos olvidar que hasta los coetáneos de la Venerable dudaban y que todavía la citada no ha conseguido que la Iglesia la califique como beata, sin embargo los testimonios son inapelables ¿Qué sucedió?

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En abril de 2011 abordábamos en este blog la bilocación, en un artículo bajo el título “LA BILOCACIÓN: ENTRE EL MILAGRO Y LA FÍSICA CUÁNTICA”  en el definíamos la bilocación como la presencia simultánea de una persona en dos lugares diferentes, sin excluir la capacidad de interactuar con el entorno de forma normal. Los estudiosos de los fenómenos místicos hablan de una bilocación sobrenatural hecha milagrosamente por Dios, pudiendo presentarse de dos maneras: o puramente en espíritu o bien en cuerpo y alma.

La realidad es que no se sabe a ciencia cierta qué es lo que ocurre durante la bilocación, pero la aparición de un individuo en dos lugares diferentes a la vez sustenta la teoría que implica la proyección de un doble.

La ciencia poco o nada dice al respecto, aunque recientemente el Nobel de Medicina, Luc Montagnier, cree que bajo ciertas condiciones, el ADN puede proyectar copias de sí mismo por medio de ondas electromagnéticas. Probablemente esta teoría no tendría ninguna repercusión si no fuera porque quien trabaja sobre ella es el premio Nobel de Medicina de 2008, nadie en su sano juicio estaría dedicando tiempo y recursos a una idea que parece sacada de una novela de ciencia ficción. Sin embargo, Montagnier está terminando de preparar un estudio.

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Bajo ciertas condiciones, asegura Montagnier, el ADN puede proyectar copias de sí mismo por medio de ondas electromagnéticas; esas mismas ondas pueden ser «recogidas» y almacenadas en agua pura y, gracias a ciertos efectos cuánticos, crear en ella una «nanoestructura» de idéntica forma al ADN original; si además, en la solución «receptora» de las ondas se añaden enzimas replicadoras de ADN, éstas pueden «recrear» el ADN a partir de la «nanoestructura» teletransportada, como si el ADN original estuviera realmente allí mismo.

Si se demuestra que estos resultados son correctos, estaríamos ante un descubrimiento tan revolucionario que cambiaría para siempre los fundamentos sobre los que se basa la Química moderna.

Los científicos han utilizado dos tubos de ensayo, el primero contenía un fragmento de ADN. El segundo, agua completamente pura y sin resto alguno de materia orgánica en su interior. Ambos tubos se encerraron después en una cámara especial que anula el campo electromagnético natural de la Tierra, con objeto de que éste no contaminara los resultados del experimento. Por último, ambos tubos fueron enrollados en tubos de cobre de los que emanaba un ligero campo electromagnético.

Siete horas después, el contenido de ambos tubos de ensayo fue sometido a reacciones en cadena de la polimerasa, una técnica ampliamente utilizada por los biólogos moleculares para replicar de forma masiva cualquier fragmento de ADN que se pueda encontrar en la muestra, por pequeño que sea, lo que facilita su identificación y posterior estudio. Y aquí es donde estalla la sorpresa: se recuperó ADN de ambos tubos, a pesar de que el segundo sólo contenía agua.

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A pesar de estos avances científicos es bastante difícil explicar la bilocación de la Venerable de Agreda, sobre todo cuando la propia iglesia no la considera ni tan siquiera beata. ¿Cómo dudar de los asombrados monjes? ¿Cómo dudar de los inocentes indios? ¿Por qué no se pronuncia la iglesia, cuando con mucho menos se han nombrado a beatos y santos?

Demasiadas preguntas sin respuesta a lo que hay que añadir que descendientes de los Apaches aseguran que “la dama azul de los llanos” continúa aún apareciéndose en aquellas tierras.

martes, 11 de febrero de 2014

La miracolística y los fenómenos paranormales III



No fue por casualidad. Nos dirigíamos hacia el municipio de La Cuesta y a San Pedro Manrique, nos interesaba la tradición de los caminantes sobre el fuego en la noche de San Juan, pero más aún una copia de la Sábana Santa ubicada originalmente en la Cuesta y que el abandono del pueblo hizo que se trasladara a San Pedro. Al llegar a La Cuesta lo primero que nos llamó la atención fueron las ruinas de la iglesia que a duras penas mantenía algunos muros en pie, apenas diez casas cerradas se agrupaban a su entorno, no había gran cosa que ver salvo un fresco que de inmediato llamó nuestra atención, ocupaba gran parte de la pared trasera, tan absortos estábamos que no nos percatamos de la presencia de un hombre hasta que no escuchamos su voz:
.- Es una lástima como se encuentra la Iglesia.
Nos volvimos un tanto sobresaltados, el hombre de unos sesenta años y pulcramente vestido nos sonreía, tras los saludos de rigor aquel personaje nos ilustró sobre aquella pintura que denominó “Paño de ánimas”. Aprovechamos para interrogarle sobre la Sábana Santa; tan solo pudo decirnos que se perdió entre San Pedro Manrique y el Burgo. Ya marchábamos cuando nos preguntó:
.- ¿Han visto ya a la Venerable de Agreda?
Ante nuestra negativa nos informó de  la labor evangelizadora de la monja, pero cuando le preguntamos que en qué época estuvo la citada en América su respuesta fue sorprendente:
.- La Venerable jamás abandonó el monasterio.
El misterio estaba servido.
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Aunque la historia de Sor María de Jesús de Agreda es hoy sobradamente conocida gracias al excelente libro de Javier Sierra “La Dama Azul”, en aquel entonces aquel libro aún no había sido publicado y nuestro desconocimiento sobre una monja que en estado de trance se dedicaba a cristianizar indios era total.
Con el ánimo de saber más sobre aquella monja, al día siguiente nos dirigimos a Agreda ávidos de historias. Con la complicidad de un sacerdote pudimos hacer una visita privada al convento y al museo religioso en él situado, a las puertas del convento nos recibió una estatua de la religiosa con la cabeza ligeramente inclinada y señalando hacía el cielo con el dedo índice de su mano derecha mientras sostiene en su mano izquierda una larga y estilizada cruz. 2009-10-15 (103)
La religiosa de Agreda pertenecía a la orden de la Inmaculada Concepción, orden de clausura monástica que fundara a finales de 1.400 Santa Beatriz de Silva.
Entre todo lo que había en el museo nos llamó la atención la comunicación epistolar que la Venerable mantenía con Felipe IV, y un libro, “Mística ciudad de Dios”, que posteriormente supimos que fue prohibido por la Inquisición en 1681; aunque la causa fue pronto sobreseída. En nuestra visita pasamos a la Iglesia del convento, del siglo XVII, con un hermoso retablo barroco y donde nos esperaba en el interior de una urna de cristal el cadáver incorrupto de la venerable, una sarmentosa y momificada mano daba fe de ello, mientras el rostro había sido cubierto por una máscara de cera de dulces facciones, aquellos restos vestidos con la inseparable capa azul nos impresionó lo suficiente como para continuar ahondando en aquella historia.





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Quizás “La Venerable” sea la figura espiritual más interesante de la España del siglo XVII, se la considera la gran figura de la espiritualidad del barroco. Parece ser era un personaje volcado en la oración, la penitencia, la pobreza, la caridad etc. se daban en ella fenómenos, que hoy llamaríamos paranormales, como la bilocación o el éxtasis místico, lo que le dio rápidamente celebridad. “La dama azul de los llanos” como la llamaban los indígenas de Texas y Nuevo Méjico hizo que la Inquisición se interesaba por ella en 1635 abriendo un proceso en 1649 que se saldó con resultado favorable para la monja.

Vídeo original deFernando Ribes Palazón


En su infancia padeció diversas enfermedades, y a los trece años estuvo a las puertas de la muerte: “Se hizo la cera para mi entierro”, decía ella.
A los dieciséis años Sor María de Jesús tomó los hábitos, juntamente con su madre y con su hermana, a partir de ese momento se entrega totalmente a la vida espiritual. Adquirió fama de santa por sus penitencias y mortificaciones corporales, a los 25 años, sería nombrada abadesa del convento franciscano de Ágreda.

CONTINUARÁ

sábado, 1 de febrero de 2014

La miracolística y los fenómenos paranormales II

 
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Podría pasar por un milagro más, uno de tantos perdido en la noche de los tiempos donde la trasmisión oral habría dado un toque pintoresco a unos dudosos hechos. Pero no era así, aquel milagro del arroz atribuido a San Juan Macias no estaba perdido en la noche de los tiempos, tan solo data de mediados del siglo pasado existiendo aún personas que lo presenciaron, y por otro lado, el aspecto multiplicativo del milagro tan solo tiene, según mis datos, otra referencia histórica: la multiplicación de los panes y los peces realizada por el propio Jesucristo.
No sé por qué razón decidí que tenía que profundizar más en estos, cuanto menos extraños, acontecimientos y gracias a mi amiga Anabel conseguí entrevistarme con una de las pocas personas que vivieron en primera persona aquellos hechos, lo cual me permitía visitar, una vez más, la hermosa ciudad de Olivenza y recrearme en su singular arquitectura plagada de tintes manuelinos.
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La persona que íbamos a visitar se llama Fernanda Blasco Mendoza, testigo directo del hecho. Ella misma nos abrió la puerta de su casa, y debo decir que me sorprendió gratamente, ante mi tenía a una hermosa anciana de noventa años, alta y espigada y como vería después su claridad de ideas demostraban una plenitud psíquica tan buena como la física.
Nos condujo por un largo pasillo y nos acompañó hasta una salita donde una mesa camilla era escoltada por unos grandes sillones de nea, un ventanal daba a un patio donde varios naranjos daban sombra a un sencillo pozo, parecía haber retrocedido en el tiempo en aquella casa y su decoración acorde con una familia acomodada de principios del siglo XX, y en realidad aunque en aquellos momentos yo no lo sabía era así. A lo largo de nuestra conversación nos hizo saber que su padre era médico en los tiempos “en que la consulta era en casa y a cualquier hora del día o de la noche te llamaban” según sus propias palabras.


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Fernanda pertenecía al hogar de Nazaret, una institución religiosa cuya finalidad era y es la atención y protección a los niños más desfavorecidos. Para ponernos en situación Fernanda nos cuenta sosegadamente cual era la situación social que se vivía en Olivenza en aquellos durísimos años de la post guerra, la parroquia tenía un comedor que se surtía de donaciones que daban las personas con mayor capacidad económica y donde comían diariamente alrededor de 50 niños, asimismo, los domingos suministraban comida también a los más pobres que se hacinaban en dos dependencias: la Casa de Todos y el Cuartel. La situación en la Casa de Todos era caótica, las familias apenas tenían separación entre ellas, mucho mejor en el Cuartel “donde al menos tenían las separaciones de las cuadras que servían para una mayor intimidad de la familia” esta aclaración de Fernanda llegaba con la serenidad no exenta de amargura de los muchos años transcurridos.

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.- El domingo del milagro no había llegado ninguna donación y Leandra tan solo tenía tres tazas de arroz. Estaba muy agobiada. Hizo un caldo suave y puso el arroz en un anafre con carbón vegetal, cuando se marchaba exclamó: ¡Ay beato, y tus pobres sin comida!
.- ¿Había mucha devoción en Olivenza por el beato?
.- ¡No, qué va! Aquí al beato no se le conocía, pero Leandra era de Ribera del Fresno, el lugar donde nació el santo, y el párroco D. Luis Zambrano era de Fuente del Maestre… Como le decía, Leandra se marchó y cuando volvió se encontró con que el arroz rebosaba saliéndose del perol, asombrada llamó al hogar, recién terminada la misa y D. Luís y yo fuimos allí.
.- Luego, ¿Vd. no estaba al principio del milagro?
.- No, yo doy fe de lo que vi. Estando yo allí pude ver como se llenaban de arroz ollas de 12 o 14 litros; del fondo de la olla salía el arroz, como si brotara. Estuvo saliendo arroz desde la una del mediodía hasta las cinco de la tarde. La olla en ningún momento se levantó del fuego y tampoco se añadió agua, ni carbón, ni sal.
.- ¿Esto lo vio mucha gente?
.- Todo el que quiso, incluso personas que estaban de visita en el pueblo se acercaron para ver aquel milagro.
.- ¿Comieron mucha gente?
.- Comerían como unas trescientas personas.
Conversamos largo y tendido. Fernanda nos enseñó ejemplares de L’Osservatore Romano del día de la canonización del beato, nos permitió leer la investigación realizada por la Santa Sede sobre el milagro y el interrogatorio al que fue sometida junto a muchas personas más.


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Sobre el paño de ganchillo descansaba el libro y los ejemplares de L’Osservatore, mientras aquella maravillosa mujer nos desgranaba anécdotas y detalles incansablemente. Por expreso deseo de ella no publicaré ninguna foto suya -aunque existen fotos en la prensa- ella no quería protagonismo, “vosotros me habéis buscado a mí, no yo a vosotros”


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Un hecho extraordinario sucedió en aquella ciudad fronteriza, un hecho que hoy a la luz de la ciencia no tiene explicación, y algo extraordinario sucedió en aquella entrevista, algo que daré a conocer una vez investigado y que publicaré junto a las fotografías de Fernanda cuando el tiempo lo permita.

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martes, 31 de diciembre de 2013

La miracolística y los fenómenos paranormales

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Sesenta años de edad contaba Fray Juan Macías cuando la enfermedad le llevaría a la tumba. El médico que le asistía había perdido toda esperanza de recuperación y el propio Fray Juan Macías era consciente de que había llegado su hora. En aquel trance supremo, sabiendo que se enfrentaría a la Verdad Absoluta comprendió que era la hora de la despedida definitiva. Fray Juan Macías se lo advierte a los hermanos que lo acompañan: "Ahora, sí. Es llegada mi hora. Que se haga en mí la voluntad del Señor". Siguiendo la costumbre de aquellos tiempos, los religiosos de la comunidad se dirigen procesionalmente a la habitación de fray Juan, acompañando el Santo Viático. Fray Juan se sienta, con la ayuda de sus hermanos y, por última vez, recibe con todo fervor la santa comunión.

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Después de unos minutos de oración, en profundo recogimiento, el prior le administra los santos óleos, en medio de salmos e himnos que los religiosos cantan invocando el perdón y la misericordia de Dios.

Cuando los hermanos cantaban la tierna plegaria "Salve Regina", con la que los Dominicos despiden a sus hermanos de este mundo, Fray Juan Macías entregaba su alma. Eran las 6:45  del día 16 de septiembre de 1645.

304 años más tarde, el 25 de enero de 1949 se presentó una situación muy delicada en la Casa de Nazaret del Instituto San José de  Olivenza (Badajoz). Allí se alojaban medio centenar de niños cuya alimentación dependía de la caridad de algunas familias. Leandra, la cocinera, se encontró aquel día con que solo disponía de 750 gramos de arroz y encomendándose al entonces beato Juan Macías puso el arroz en el perol   "¡A ver qué haces!" Cuando regresó a la cocina, se encontró en el fogón una cantidad de arroz mucho mayor de la que había echado, tanto que empezó a rebosar y tuvo que pedir ayuda para pasar el alimento a otro perol. Llamó al párroco, Luis Zambrano, y a la directora del Instituto, María Gragera Vargas, que se convirtieron en los primeros testigos del milagro.

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El prodigio duró ininterrumpidamente durante cuatro horas y de aquellas tres tazas de arroz iniciales pudieron comer los cincuenta niños del centro y un centenar de pobres, ante la mirada atónita de los habitantes del pueblo, que acudieron a ver el hecho.

Este milagro fue reconocido oficialmente por el Vaticano, y es de los muy escasos de este tipo que registra la historia, desde que el mismo Jesucristo lo realizase por primera vez con la multiplicación de los panes y los peces que narran los Evangelios.

La gran pregunta es si nos encontramos ante un milagro o un fenómeno paranormal. Sin duda, la cercanía en el tiempo y la sobrada documentación nos alejan de un relato fantasioso, ¿fue realmente el hoy santo Fray Juan Macías  el artífice del prodigio? ¿porqué se prodigan hechos de este tipo

en América del Sur? no debemos olvidar entre otros a la Venerable de Agreda. Hay muchas interrogantes a desvelar, pero tenemos un hecho en común:

Treinta y seis años después de su muerte, los restos de fray Juan Macías fueron trasladados a un ataúd de cedro y, para sorpresa de todos los presentes, los hallaron incorruptos. Ahora mismo, se pueden contemplar los restos de fray Juan Macías, disecados al igual que los de la Venerable.

Esto serán temas que trataremos en los próximos post.

sábado, 23 de marzo de 2013

¿ESTUVO CASADO JESÚS DE NAZARET? III



El papel de la mujer en la Palestina de la época de Jesús de Nazaret era mucho más restrictivo de lo que nos presentan los relatos del Nuevo Testamento, e incluso más de lo que hoy podemos pensar. El desprecio de los hombres por sus mujeres era algo que hoy resulta difícil de comprender, a pesar de que asistimos diariamente a procederes parecidos desde algunas etnias del mundo musulmán.

Cuando la mujer judía salía de su casa, debía contemplar una serie de protocolos: tenía que llevar siempre la cara cubierta con un tocado que consistía en dos velos sobre la cabeza, una diadema sobre la frente, con cintas colgantes hasta la barbilla, y una malla de cordones y nudos, con lo que se pretendía ocultar los rasgos de su rostro. Si alguna  mujer salía de su casa sin llevar la cabeza cubierta ofendía hasta tal punto los principios básicos  que su marido tenía el derecho y hasta el deber de despedirla, y todo ello con el beneplácito y la bendición de los doctores de la ley. 

La ley  llegaba hasta el extremo de que la mujer que hilaba a la puerta de su casa podía ser repudiada, sin recibir el pago estipulado en el contrato matrimonial.

Estas reglas eran tenidas muy en cuenta sobre todo entre las clases sociales más puritanas, especialmente los fariseos, pues todas estas prescripciones afectaban a las familias acomodadas, donde la mujer, efectivamente, podía llevar una vida retirada, no así en las familias populares, donde la necesidad de la supervivencia obligaban a que la mujer  ayudara a su marido muchas veces en el trabajo y, por tanto, se relacionara de otra manera.


La situación de la mujer en la casa no se veía modificada. En relación a la conducta pública las hijas debían ceder siempre los primeros puestos, e incluso el paso por las puertas a los hermanos. Su formación se limitaba estrictamente a las labores domésticas, así como a coser, tejer, la molienda diaria del trigo etc. cuidaban de los hermanos más pequeños.  Al padre tenían la obligación de alimentarlo, darle de beber, vestirlo, cubrirlo, sacarlo de casa cuando era anciano, y lavarle la cara, las manos y los pies. 

MUJER DE SEFARAT
. La sociedad judía de aquel tiempo distinguía tres edades: la menor qatannah -hasta la edad de doce años y un día-, la joven na’arah, -entre los doce y los doce años y medio-, y la mayor bôgeret, -después de los doce años y medio-. Hasta esta última edad, el cabeza de la familia tenía la absoluta potestad, a no ser que la joven estuviese ya prometida. Según este código social las hijas no tenían derecho a poseer absolutamente nada: ni el fruto de su trabajo ni tan siquiera algo que pudiera encontrar casualmente. Todo era del padre.

La hija, hasta los doce años y medio, no podía rechazar un matrimonio impuesto por el padre. El padre podía venderla como esclava, siempre que no hubiera cumplido los doce años. Los esponsales solían celebrarse muy temprano. Al año de ser mayor la hija celebraba la boda, lo que significaba en realidad un cambio de dueño, pues pasaba de la potestad paterna a la del marido.
En realidad,  la diferencia entre la esposa y la esclava o la concubina era que aquella disponía de un contrato matrimonial, lo que tan solo significaba que a cambio de muy pocos derechos, la esposa se encontraba cargada de deberes.

Al estar permitida la poligamia, la esposa tenía que soportar la presencia y las  afrentas de las concubinas. En cuanto al divorcio -que estaba regulado por la Ley mosaica- el derecho estaba única y exclusivamente de parte del marido. Solo él podía iniciar el trámite, lo que lógicamente daba lugar  a constantes abusos e injusticias.

La carencia de hijos era considerada como una gran desgracia, incluso como un castigo divino; la mujer, al ser madre de un hijo, era más respetada pues había dado a su marido el regalo más precioso.

Desde el punto de vista religioso, la mujer  tampoco estaba equiparada con el hombre. Se veía sometida a todas las prescripciones de la Torá y al rigor de las leyes, incluida la pena de muerte, no teniendo acceso, en cambio, a ningún tipo de enseñanza religiosa. Una sentencia decía: “Vale más quemar la Torá que transmitirla a las mujeres”.

De las dos partes de la sinagoga, sabbateion y andron, la primera estaba dedicada al servicio litúrgico y era accesible a las mujeres; por el contrario, la otra parte, destinada a las lecciones de los escribas, solo era accesible a los hombres y los muchachos. Las mujeres solamente podían entrar en el templo al atrio de los gentiles y al de las mujeres; durante los días de la purificación mensual y durante un período de 40 días después del nacimiento de un varón y 80 del de una niña, no podían entrar siquiera al atrio de los gentiles. Durante este período se consideraba a las mujeres fuentes de impureza y debían mantenerse alejadas de los lugares de culto.
Por todo ello el nacimiento de un varón era motivo de alegría, y el de una niña se veía acompañado de la indiferencia, e incluso de la tristeza. Los escritos rabínicos llegaban a proclamar: “¡Desdichado de aquel cuyos hijos son niñas!”.

En este ambiente no es extraño que aquel que se rodeaba de mujeres, que departía con ellas y que estas le siguieran, no fuera mirado con buenos ojos, incluso sus discípulos se sorprenden cuando encuentran a su maestro hablando en un pozo con una samaritana. Pero esta especial sensibilidad del hombre de Nazaret con las mujeres, en comparación a la actitud con sus coetáneos, no es ni mucho menos prueba o verificación de que Jesús estuviera casado. Sin embargo sí hay fundamentos más acordes con la forma de entender la vida en aquella época y en aquella sociedad que sí apuntan en ese sentido.



Evangelio Armenio de la Infancia (Relato de Santiago, hermano del Señor)

1. En aquel tiempo, un hombre llamado Joaquín salió su casa, llevando consigo sus rebaños y sus pastores, y fue al desierto, donde fijó su tienda. Y, después de haber permanecido allí en oración, durante cuarenta días y cuarenta noches, gimiendo, llorando y no viviendo más que de pan y de agua, se arrodilló, y, en la aflicción de su alma, rogó a Dios en estos términos: Acuérdate de mí, Señor, según tu misericordia y tu justicia, y opera en mí una señal de tu benevolencia, como lo hiciste con nuestro antepasado Abraham, a quien, en los días de su vejez, concediste un vástago de bendición, hijo de la promesa: Isaac, su descendiente único y prenda de consuelo para su raza. Y de esta suerte, con lágrimas y alma afligida, pedía piedad a Dios. Y decía: No me iré de aquí, ni comeré, ni beberé, hasta que el Señor me haya visitado, y haya tenido compasión de su siervo.

2. Y, cuando se acabaron los cuarenta días de ayuno, advino el ángel del Señor, y, colocándose ante Joaquín, le dijo: “Joaquín, el Señor ha oído tus plegarias, y ha atendido tus súplicas. He aquí que tu mujer concebirá, y te dará a luz un vástago de bendición. Y su nombre será grande, y todas las razas lo proclamarán bienaventurado. Levántate, toma las ofrendas que has prometido, llévalas al templo santo, y cumple tu voto. Porque yo iré esta noche a prevenir al Gran Sacerdote, para que acepte esas ofrendas”. Y, después de hablar así, el arcángel lo abandonó. Y Joaquín se levantó en seguida con júbilo, y partió con su numeroso ganado y con sus ofrendas.

CONTINUARÁ