martes, 20 de abril de 2010

EL DIABLO JUEGA A LAS TRES EN RAYA



En nuestro constante caminar en la incesante búsqueda de lo insólito y la leyenda, llegamos a la ribera del río Arlanza, escuchando en el rumor de sus aguas la epopeya de la gesta castellana, cerca de las estribaciones de la mágica sierra de la Demanda, en las tierras de los infantes de Lara y del conde Fernán González.


Tras deleitarnos en Covarrubias con su Colegiata, la Iglesia de Santo Tomé, el archivo del Adelantamiento de Castilla o el Torreón de Fernán González, pasear por las plazas de doña Urraca y de doña Sancha sintiendo en nuestra piel ambiente de siglos pasados, continuamos nuestro caminar dirección Hortiguela hasta el monasterio de San Pedro Arlanza con aromas de viejos romances, considerado la Cuna de Castilla es una de las más destacadas "gloriosas ruinas" de nuestro vasto patrimonio. La realidad de su fundación difícilmente podremos saberla, pero sí su leyenda:

El conde Gonzalo Fernández persiguiendo un jabalí, se encuentra con los monjes eremitas que vivían en las cuevas próximas al río y que le auguran grandes victorias sobre los musulmanes en su labor de reconquista. El conde junto con su esposa Muniadona (condes de Lara) promueven la fundación del monasterio en ese lugar.

Su hijo, el conde Fernán González (930-970), que sería el primer conde independiente de Castilla, continuó su devoción por el lugar, realizando donaciones al monasterio, siendo su predilección por él tal, que se hace enterrar en el mismo junto a su esposa doña Sancha.

Fernando I le concedió las reliquias de los santos abulenses Vicente, Sabina y Cristeta en 1062, con ellos se consiguió mayor prestigio. Sin duda, en la grandeza de sus ruinas podemos apreciar su esplendor perdido. Fue realizada la parte románica por los maestros Guillermo y Osten allá por el año 1.080, gobernando el abad Vicente, para posteriormente enriquecerse del gótico e incluso el neoclásico. Contó el templo con cinco puertas, siendo la principal la situada a poniente, que sería trasladada al Museo Arqueológico Nacional en 1895. Decoraban los ábsides y sala capitular frescos del maestro Endestens a base de animales mitológicos. Parte de los mismos se hallan en el Museo Metropolitano de Nueva York y Museo Nacional de Arte de Cataluña. En Burgos se halla el sepulcro de Mudarra. Y muchas otras de sus bellezas se habrán difuminado tras siglos de expolio. De entre los elementos pertenecientes a este monasterio y que ahora se encuentran en otros lugares destacamos: las tumbas de Fernán González y su esposa Sancha, casullas, cruz y arquetas repujadas de plata que ahora se encuentran en la Colegiata de Covarrubias; las mal denominadas glosas silenses ahora en Inglaterra y originarias de este monasterio; el esmalte de la Virgen de las Batallas ahora recuperada para el Museo de Burgos; la fuente precolombina del claustro renacentista ahora en los jardines del paseo de la isla en Burgos; los frescos románicos ahora parte en el museo de arte románico de Barcelona y parte en el museo metropolitano de Nueva York, las campanas ahora dos de ellas en la iglesia de Hortigüela; etc, etc.

Pero adentrémonos en el mundo de las leyendas como es nuestra obligación y vocación. Las hay de muy diversos tipos, como algunas interesadas que decían que los huesos del conde se removían en el sepulcro cada vez que se libraba batalla contra los infieles. Otra leyenda atribuye la fundación del lugar al rey godo Recaredo, indicando aquí el posible lugar de enterramiento del rey Wamba.

Pero las que más nos interesan son la de Mudarra y los siete infantes de Lara y la del Diablo que juega a las tres en raya

LOS SIETE INFANTES DE LARA

Gonzalo Gustios, señor de la villa de Lara de los Infantes tuvo siete hijos. Durante la boda de un familiar, Ruy Velázquez uno de los siete infantes mata, de manera accidental, a un primo de la novia. La novia, exige venganza a su marido. Éste, para complacer a su esposa, trama la siguiente venganza: pide al Señor Gonzalo Gustios que mande un mensajero al famoso General árabe Almanzor (que se encontraba en Córdoba) con una nota en árabe, en la que pide que se mate al portador e indica dónde puede encontrar a los hijos del Señor Gonzalo, ofreciéndole la vida de éstos en señal de amistad. Almanzor hace preso a Gonzalo Gustios y captura a los siete infantes, que engañados por el vengativo marido, son asesinados y cortadas sus cabezas.


Las cabezas son enviadas a Gonzalo Gustios, preso de Almanzor, que al verlas sufre tal dolor, que el General árabe, conmovido le libera.


Durante su cautiverio, Gonzalo Gustios tiene un hijo con la hermana de Almanzor. Pasados los años, el hijo de ambos, Mudarra, vuelve a Castilla junto a su padre y, conociendo la historia de sus siete hermanos, los vengará y matará a Ruy Velázquez.


Las cabezas de los Siete Infantes están hoy en la Iglesia de Salas, sus cuerpos, en una iglesia de La Rioja


EL DIABLO JUEGA A LAS TRES EN RAYA

Cuando el Abad Vicente se decidió a ampliar el monasterio de San Pedro de Arlanza, mandó llamar al maestro constructor Guillermo y comenzó la obra.
Pronto vieron como la obra no prosperaba, pues, extrañamente, todo lo que los trabajadores construían de día, misteriosamente amanecía desmontado al día siguiente, no tenían explicación para el fenómeno hasta que descubrieron que el Diablo con sus acólitos desmontaba el trabajo de los constructores, quitaban sus andamios y escondían las herramientas. Además de todo esto, la vieja iglesia que se demolía para construir la nueva, amanecía de nuevo tal cual estaba el día antes.

Parece ser que por aquellos lares, los demonios tenían un lugar de reunión y no querían ser molestados por los frailes.

El Abad y el maestro de obras consultaron con un viejo ermitaño que vivía cerca del río, éste les aconsejó visitar un monasterio de la sierra donde vivía un viejo caballero Templario que les daría solución a tamaño problema.

El Templario había estudiado las artes mágicas con los musulmanes de Tierra Santa y, ante las súplicas del Abad y el maestro decidió poner fin a sus problemas. Una vez llegados al monasterio en construcción, mandó el viejo Caballero al maestro que grabase en el suelo cierto dibujo que le mostró. No era otra cosa sino un tablero para el juego del Alquerque más conocido como “tres en raya”. Una vez grabado, el anciano templario se sentó junto al juego y esperó a la noche.


Llegada la noche, el viejo caballero vislumbró al diablo y sus acólitos.


- ¡Eh! Buen Diablo. ¿Quieres el alma de un viejo soldado? - le dijo.

Proponiendo al asombrado diablo, ante la desfachatez del Templario, un trato: jugarían una partida sobre aquel tablero, si ganaba el Diablo, se llevaría el alma del Templario; pero si perdía, debía construir no sólo lo que habían deshecho cada noche sino lo que quedase hasta terminar la obra y no molestar jamás.

El Diablo pensó que no sería difícil vencer a aquel viejo; sobre todo porque aquél tonto anciano le había dado como ventaja la ficha colocada en el centro del tablero. Comenzó a mover el Diablo, jugaron alternativamente y cuando el Templario ya estaba perdido y el Demonio soltaba una gran carcajada de victoria... ¡Desapareció en una nube de azufre! , había perdido la apuesta, ¿Qué había ocurrido? Muy sencillo; la última ficha que el Diablo había de mover y que le daba la victoria era precisamente la que el anciano le había dado de ventaja, la central del tablero; y al levantarla… ¡Quedó al descubierto un símbolo mágico! Era un símbolo que fue empleado por Salomón durante la construcción del Templo de Jerusalén para dominar a los Genios

¿Qué hay de verdad y mentira en las leyendas? Creo que nunca lo sabremos, pero al visitar el monasterio, nuestros asombrados ojos descubrieron el tablero de juego, el litostroto o embaldosado, y en el centro del mismo grabado el símbolo supuestamente empleado por Salomón.

CONTINUARÁ…