sábado, 23 de enero de 2010

NAVARRA: EL CRISTO DE LA PATA DE OCA

Hablar del Camino de Santiago es hablar de Puente la Reina, un hermoso municipio situado al Sur de la Sierra del Perdón, en el Valle de Valdizarbe. En su término confluyen las dos rutas principales del Camino de Santiago: la procedente de Roncesvalles y la vía tolosana procedente de Somport.
La tradición dice que el nombre de Puente la Reina proviene del puente románico sobre el río Arga, que fue mandado construir en el siglo XI por Doña Mayor, esposa de Sancho el Mayor aunque hay quien opina que en realidad el mérito de su construcción se debe a Doña Estefanía, mujer de García el de Nájera.
Esta tradición sobre el nombre de la ciudad también tiene sus detractores, algunos etimologistas creen que el nombre derivaba de un originario Pons Rune, donde Runa sería el nombre que antiguamente tenía el río Arga, derivado a su vez de Iruña, el nombre en lengua vasca de Pamplona. El nombre que se daba en lengua vasca a la localidad, Gares, dejó de utilizarse a la vez que desaparecía el uso del euskera en la comarca.
En Puente la Reina-Gares, las dos trayectorias del Camino de Santiago se convierten en una, que penetra bajo el arco de la iglesia del Crucifijo, cruza la carretera y recorre la calle Mayor hasta el puente románico, construido sobre el Arga para servicio de los peregrinos. Aún pueden verse entre las casas varios torreones de sus murallas al sur de la villa. La iglesia del Crucifijo, de los siglos XII y XIII, es de fundación templaria y debe su nombre a una preciosa talla gótica de influencia germánica (objeto de este artículo). Aledaño al convento de Reparadores, se encuentra el albergue de peregrinos. La iglesia de Santiago, en la calle Mayor, tiene dos hermosas portadas románicas y, en su interior, tallas góticas de Santiago peregrino y San Bartolomé. Hay, además, otra iglesia, la de San Pedro, en la que se guarda una imagen gótica de la Virgen del Puy, más conocida como "Virgen del Txori" por una leyenda que afirma que cuando esta imagen se hallaba en la capilla, que hasta 1834 existió en medio del puente, un pajarillo -txori en euskera- limpiaba todos los días la cara de la Virgen con el agua del río que recogía en sus alas.
Muy cerca Eunate y Olcoz con sus puertas especulares y leyendas de Jentillak (gigantes, ya referidos en nuestro artículo de la Pedra Gentil) y piedras de la luna que en breve serán objeto de nuestra atención.
Pero lo que nos ocupa es el misterioso cristo que vigila el camino que podemos calificar como extraordinario debido a la forma que adopta su cruz, que como mínimo podemos calificar de insólita, la forma de ¡Pata de Oca!.


Es un Cristo que representa en su forma singular de Y la intersección de los dos caminos, la Gran Elección, la Encrucijada; la Pata de Oca, es a su vez símbolo de reconocimiento de las antiguas fraternidades de constructores.
Los brazos laterales de la cruz toman la forma de una “Y” mientras que el palo central se prolonga hasta la altura de los brazos laterales. Los maderos que conforman la cruz quieren dar la impresión de troncos despojados de sus ramas, sin pulir, apreciándose las rugosidades, tocones y nudos.
Unos pies desproporcionadamente grandes sugieren la idea de caminante y un rostro perdido en otras realidades trascendiendo al propio sufrimiento.
Un origen incierto confundido por dos leyendas con elementos comunes que sugieren un mismo origen. Dice una de ellas que un peregrino germano a su regreso a su país envió la imagen en agradecimiento por las atenciones recibidas en el hospital de peregrinos. La otra hace referencia a un grupo de peregrinos teutones que portaban la imagen hasta Santiago, a su regreso, dejaron la misma también en señal de agradecimiento por las atenciones recibidas.
Ambas leyendas tienen en común el agradecimiento, la donación de peregrinos y el origen germano.
Sobre lo que parece ser que no hay duda es que la procedencia de la imagen es de la región renana, ya que existen tallas tipológicamente relacionadas con ésta; un ejemplo evidente lo encontramos en el Dolorosus Crucifixus existente en la Iglesia de St. María im Kapitol en Colonia.
Todo ello nos lleva a considerar que la paternidad del que podemos llamar Cristo Renano de Puente la Reina hay que atribuirla probablemente a La Orden de los Caballeros Teutones y Caballeros Teutónicos del Hospital de Santa María de Jerusalén, y que éste llegó como donación a la Orden del Temple, desde la propia orden germana en fecha muy cercana a su disolución.
Pero centrémonos en el propio Cristo y la lectura que podemos sacar de él:
Un crucificado en una cruz normal es el iniciado que está en camino de alcanzar su elevación, el crucificado en una tau ha alcanzado la plenitud en su evolución, el que lo está, como el que nos ocupa, en una pata de oca o, lo que es lo mismo, sobre el signo de la vida, no es otra cosa que el hombre iniciado que trasciende a su propia evolución y ha alcanzado el “reino de la vida”.
La Pata de la Oca, empleada por el caminante consciente para andar la ruta se ha convertido aquí en árbol de la vida, sus tres ramas están llenas de brotes y de ellas pende el iniciado convertido en fruto viviente e imperecedero.
La cruz en Y también llamada Cruz Horcada o cruz de los ladrones; la ancestral horqueta, símbolo pitagórico representativo del camino ascendente que ha de tomar el hombre en el curso de su desarrollo vital debiendo elegir en su momento entre la senda del bien o la del mal. En la Edad Media era símbolo de la Trinidad. Es el hombre tendiendo sus brazos hacia lo alto, hacia la Divinidad.
Todo lleno de simbolismo sin olvidar que a corta distancia se encuentra la Iglesia de Eunate, o la existencia en el cercano pueblo de Obanos de una cabeza-relicario (bafomet) o el lignum crucis de Estella, protagonista de varias leyendas templarias.
Sin duda, estamos ante un enclave “mágico” templario en el que el Cristo de la Pata de Oca es un eslabón más dentro de la enmarañada tradición esotérica templaria.