sábado, 6 de marzo de 2010

LA PIEDRA DEL DESTINO 2

LOS EGIPCIOS



Tras el enfrentamiento con su hermano Esaú, el patriarca Jacob en su marcha se detuvo a descansar en el monte Moria, donde  posteriormente se construiría el Templo de Jerusalén. Así lo relata la Biblia:


Génesis 28: 11-19

 Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal, y acostóse en aquel lugar. Y tuvo un sueño; soñó con una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y vio que Yahveh estaba sobre ella, y que le dijo: «Yo soy Yahveh, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy para ti y tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra y te extenderás al poniente y al oriente, al norte y al mediodía; y por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra; y por tu descendencia. Mira que yo estoy contigo; te guardaré por doquiera que vayas y te devolveré a este solar. No, no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho.» Despertó Jacob de su sueño y dijo: «¡Así pues, está Yahveh en este lugar y yo no lo sabía!» Y asustado dijo: «¡Qué temible es este lugar! ¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!» Levantóse Jacob de madrugada, y tomando la piedra que se había puesto por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella. Y llamó a aquel lugar Betel, aunque el nombre primitivo de la ciudad era Luz.

Así pues, podemos entender la escalera como símbolo de un "puente" entre el Cielo y la Tierra, establecido a través del pacto entre Dios y el pueblo judío. Además, la escalera representaría a la Torá, como punto de unión, un nuevo vínculo entre el cielo y la tierra. El término hebreo para "escalera", sulam ( סלם ) y el del monte Sinaí donde se dictó la Torá ( סיני ) tiene la misma gematría, es decir el mismo valor numérico de las letras que las componen.

Betel proviene del término hebreo Beth-El que puede significar morada de Dios ó recuerdo de los Dioses, se trata en resumen de una Piedra Sagrada por lo que el término se aplica por extensión a cualquier piedra considerada sagrada por una cultura, y en algunas culturas semíticas también se utiliza para denominar a las piedras del rayo, es decir los restos de meteoritos que caen a la tierra.

Jacob llevó a Egipto el Beth-El y antes de morir lo entregó a su nieto Manasés, diciendo de él: "Será padre de pueblos y su raza se multiplicará".

Aquella piedra la tuvieron en su poder los hijos de Israel hasta el Éxodo y en concreto hasta el paso del mar Rojo.

Aunque la Biblia dice que al cerrarse el mar perecieron todos los ejércitos del Faraón parece ser que no todos los egipcios que perseguían a Moisés murieron ahogados. Haythekes hijo del griego Naulo, que se había casado con Scota, hija del faraón de Egipto y general de las tropas, no pereció en el paso del mar Rojo y se apoderó del Beth-El que a partir de entonces se empieza a conocer como: la piedra del destino, Haythekes, probablemente por miedo a la ira del Faraón ante su fracaso por no detener a los israelitas, huyó con los supervivientes, atravesó todo el norte de África, pasó a España y fundó en Galicia un reino, cuya capital fue Brigantium. La piedra sirvió de trono a Haythekes y a los reyes brigantinos posteriores, cuyos descendientes eran proclamados y coronados sobre ella.

Uno de estos reyes, con ocasión de enviar una colonia a Irlanda, acaudillada por su hijo Simon Brec, entregó a éste la Piedra del Destino, la cual fue colocada en Thernor, hoy Tara, entonces capital de Irlanda, lugar en que habitaban los escoceses. Más adelante Fergus, hijo de Fergnbar, se trasladó durante el siglo V desde Irlanda a la región boreal de la isla grande, a la que dieron el nombre de Escocia en recuerdo de Scota la princesa egipcia. La famosa piedra sirvió de trono para la entronización de Fergus como monarca de la nueva región, recién conquistada. Los escoceses guardaban y miraban esta piedra con profunda veneración, hasta que el rey de Inglaterra Eduardo I se apoderó de ella en el año 1.296, sacándola del monasterio de Scone, donde estaba custodiada, y trasladándola a la famosa abadía de Wetminster.

En 1996 más de doce mil personas esperaban junto al castillo de Edimburgo para ver al séquito formado por altos dignatarios políticos y religiosos. Las tropas militares que los acompañaban parecían escoltar un curioso tesoro. Durante la ceremonia el reverendo escocés John MacIndoe aceptaba formalmente el tesoro de manos de Michael Forsyth, secretario británico para la nación escocesa.

Aunque no se tratara de joyas ni de oro, se trataba de una piedra, una piedra de un valor tal que superaba con creces cualquier tesoro.

La Piedra del Destino, una piedra de arenisca amarilla, con más de 150 kilos de peso, con una cruz latina grabada en época reciente, además de unas marcas esculpidas en una cara. En su parte superior hay una ancha grieta, y dos anillos de hierro en cada extremo de la roca (probablemente para su transporte).

La importancia que la familia real inglesa daba a esta reliquia era tal que cuando la Luftwaffe alemana bombardeó Londres durante la II Guerra Mundial, se estableció un plan de emergencia para protegerla. De su custodia se encargó un grupo secreto de diez hombres.

Sin duda una piedra enigmática y misteriosa que ha sido fundamental para la monarquía escocesa y que a su paso por la península ibérica dejó su huella en forma de leyenda, la de la Roca de Rachel o quizás algo más…