martes, 2 de agosto de 2011

EL MISTERIO DE LA SANGRE

Una característica de los fenómenos parapsicológicos es su imposibilidad de repetirlos a voluntad para su estudio empírico, dar la posibilidad a los científicos de un fenómeno que se repita de manera cíclica a fecha fija sería una oportunidad única para poder vivir, cara a cara, lo imposible, y esa posibilidad existe.

Más de cinco mil personas acuden los días 26 y 27 de julio a la madrileña Iglesia de la Encarnación para venerar y asombrarse con el prodigio de la licuefacción de la sangre de San Pantaleón. Y como cada año los fieles tiemblan de emoción asaltados por una duda, ¿se producirá uno de los pocos fenómenos paranormales que se repite cada año?

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Cerca de las cuatro de la tarde, en la Iglesia de la Encarnación de Madrid y sobre el altar mayor se dispone una vitrina en cuyo interior se encuentra uno de los objetos más sagrados del Real Convento de la Encarnación: el relicario que supuestamente alberga la sangre de San Pantaleón, las monjas agustinas recoletas son las encargadas de anunciar que el prodigio ha comenzado. El contenido de la pequeña ampolla sufre una metamorfosis extraña, la seca sangre de color oscuro empieza a cambiar muy despacio convirtiéndose en un líquido brillante, durante todo el año la reliquia conserva su estado normal, para en el aniversario de la muerte de San Pantaleón licuarse y permanecer en ese estado durante 48 horas.

La incógnita está servida.

¿Quién era San Pantaleón?

Lo que se sabe de San Pantaleón procede de un antiguo manuscrito del siglo VI que está en el Museo Británico.  san_pantaleon.jpg 2Pantaleón era hijo de un pagano llamado Eubula aunque su madre era cristiana, era médico. Conocemos el nombre de su maestro Euphrosino, que fue el médico más notable del imperio.  Fue médico del emperador Galerio Maximiano en Nicomedia.

Aunque conocía el cristianismo desde su más tierna infancia por la influencia de su madre se dejó llevar por el mundo pagano en el que vivía, un cristiano de nombre Hermolaos le exhortó a que conociera "la curación proveniente de lo más Alto", le llevó al seno de la Iglesia y a partir de su conversión entregó su ciencia al servicio de Cristo, sirviendo a sus pacientes en nombre del Señor. 

En el año 303 empezó la persecución de Diocleciano en Nikomedia, algunos médicos lo delataron a las autoridades y fue arrestado junto con Hermolaos y otros dos cristianos. El emperador, que quería salvarlo dada su calidad como médico, le dijo que apostatara, pero Pantaleón se negó y se dice que inmediatamente curó milagrosamente a un paralítico para demostrar la verdad de la fe. Los cuatro fueron condenados a ser decapitados. San Pantaleón murió mártir a la edad de 29 años el 27 de julio del 304.

Se conservan algunas reliquias de su sangre, en Madrid, Constantinopla y Ravello.

El Milagro de la Sangre.

En el Madrid de los Austrias, junto a la Plaza de Oriente, en el altar mayor del Real Monasterio de la Encarnación una ampolla relicario contiene una porción de sangre que dicen fue tomada de otra más grande que se guarda en la Catedral italiana de Ravello, aunque como veremos más adelante existen otras hipótesis al respecto. Fue donada al monasterio junto con un trozo de hueso del santo por el virrey de Nápoles. Esta reliquia está custodiada por las religiosas Agustinas Recoletas dedicadas a la oración. Hay constancia de que la reliquia ya estaba en la Encarnación desde su fundación en el año 1616.

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La sangre, en estado sólido durante todo el año, se vuelve líquida sin intervención humana, siempre en la víspera del aniversario de su martirio, o sea, cada 26 de julio. El monasterio abre las puertas al público para que todos sean testigos. En algunas ocasiones, la sangre ha tardado en solidificarse para señalar alguna crisis, como ocurrió durante las dos guerras mundiales, lo que podía conferirle un “poder” de oráculo ante grandes vicisitudes.

Si bien la iglesia no se ha definido sobre el milagro, tampoco ha permitido una investigación científica rigurosa y mientras las hermanas recoletas dicen sencillamente que es "un regalo de Dios". Eso sí la fe y los milagros no están reñidos con la tecnología y para facilitar la visión del milagro y evitar el deterioro de la reliquia, en 1995 las monjitas instalaron monitores de televisión que aumentan diez veces la imagen de la cápsula que contiene la sangre del santo.

Antecedentes históricos

El 28 de enero de 1724, Miguel Herrero Esquera, Arzobispo de Santiago de Compostela, capellán mayor y juez ordinario inquisidor, dio orden de que se abriera un juicio a la sangre de san Pantaleón.
Desde 1724 a 1730 declararon trece testigos: la priora del convento de la Encarnación, sor Agustina de Santa Teresa; el obispo de Cuenca, Juan de Alancastre; el calificador de la Santa Inquisición, Agustín de Castejón y los doctores de la Corte Real, Fernando Montesinos y Juan Tornay.
Todos ellos cualificados, reputados e ilustres personajes de la época, acudieron cada 27 de julio durante siete años consecutivos para dar fe del “milagro”.
Y así lo hicieron constar en un manuscrito que se guarda en el Real Convento de la Encarnación. El documento titulado “Información sobre la licuación de la sangre del glorioso mártir San Pantaleón”, y datado el 30 de agosto de 1729 confirmando ante el notario Vicente Castro-Verde y el juez comisionado Álvaro de Mendoza la realidad del fenómeno: “Su señoría señor juez declara y confiesa haberla visto líquida y fluida dicho día de san Pantaleón, veintisiete de julio, y después de su festividad condensada y dura, todo repetidas veces en el tiempo de diez años. Y conformándose con el parecer de los expresados teólogos, canonistas y médicos lo tienen y veneran por prodigio y maravilla, alabando a Dios Nuestro Señor por las obras de sus santos”.

Hipótesis para un misterio

Existen muchas hipótesis al respecto donde los científicos explican estos prodigios, tan variados como discutibles, algunos afirman que la sangre contenida en el relicario es manipulada antes de ser introducida en el frasco para lograr su licuación periódica.

image El Padre Thurston, sostuvo una teoría fototrópica, según la cual la luz puede influir directamente en el fenómeno de la licuación, aunque es importante señalar que pese a su exposición a la luz, dicha licuación no se produce siempre. Ello nos llevaría a la conclusión de que siempre que se exponga la reliquia a la luz se produciría el fenómeno, cosa que no sucede.

También se habla que ciertas grasas podrían derretirse al calor de las manos del sacerdote que manipula el relicario, y el magnetismo de la gente congregada pueden determinar ciertas reacciones de índole química.

Algunos investigadores de parapsicología apuntan la teoría de la producción de energía psíquica por parte de la multitud que asisten al acto y el ferviente deseo que todos comparten de que suceda el milagro, lo que desencadenarían una serie de efectos psicoquinéticos que serían los causantes del milagro.

Desgraciadamente todo queda en conjeturas cuando la primera pregunta que debemos formularnos es tan sencilla como: ¿realmente estamos hablando de sangre?, pues no lo sabemos, algo tan sencillo como un análisis espectroscópico podría ponernos en camino de esclarecer que sucede con esta supuesta sangre y si fuera necesario un análisis clínico. Pero eso sólo está en manos de los que no se definen por si acaso y que no permiten por si acaso también.

Rizando el Rizo

El caso es que tenemos un aparente milagro recurrente a plazo fijo de una sangre de un santo de los principios del cristianismo y que dicen que llegó al Convento de la Encarnación procedente de Italia sobre el año 1.616. Pero puestos a dudar, ¿y si la reliquia no llegó de Italia? ¿y si existe otro misterio que hemos ignorado?.

Puestos a hacernos preguntas decidimos buscar respuestas, calzarnos las botas de buscar, ponernos la mochila de la curiosidad y emprender de nuevo la ruta de esa España mágica y misteriosa donde más que respuestas encontramos nuevas incógnitas, y las encontramos, ya lo creo que sí, pero eso será en la próxima entrega.