sábado, 3 de diciembre de 2011

FULCANELLI Y LA ALQUIMIA 3

Quizás sea Fulcanelli uno de los personajes más misteriosos que ha dado la historia, tanto como la “ciencia” que profesaba. ¿Quién fue Fulcanelli? ¿Qué sucedió con él? Lo cierto es que el autor de las dos obras de Alquimia más importantes y conocidas, “El Misterio de las Catedrales” y “Las Moradas Filosofales” lo mismo que apareció, desapareció sin dejar rastro, y ello a pesar de que medio mundo seguía su pista.

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Una de las teorías más aceptadas es que su discípulo Eugène Canseliet era el mismísimo Fulcanelli, pues fue él quien publicó las obras de “su maestro”. Se cree  también que el misterioso alquimista era el Conde de Saint Germain, el inmortal personaje que se muestra una vez por siglo; pero no podemos afirmar de manera contundente ni siquiera la existencia de éste.

Lo cierto es que tras el encuentro con Bergier, en el que afirmaba los riesgos de una reacción atómica en cadena nadie le creyó, pero cuando sucedió una reacción así, las autoridades, principalmente de Estados Unidos, comenzaron a buscarle impacientemente para que explicara cómo sabía algo que aún no se había descubierto.

Muchos misterios quedan por resolver y con seguridad jamás los descubriremos. No al menos los que envuelven a Fulcanelli. Por lo pronto, sólo podemos leer sus libros e intentar comprender un poco más de qué va la Alquimia, aunque su lenguaje tampoco es sencillo…

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Alegoría de la Alquimia: esta imagen la podemos encontrar en la Catedral de Notre Dame en Francia y fue Fulcanelli quien nos descubrió lo que realmente significaba.

· La cabeza de la figura se acerca a las nubes, símbolo del ascenso del conocimiento.

· Sentada en un trono y en su mano izquierda un cetro, que representan el poder.

· En su mano derecha dos libros, un abierto, que representa la ciencia, y otro cerrado, que representa las ciencias ocultas.

· La escalera como símbolo de la paciencia, la esencia y el principio básico de cualquier alquimista cuyo objetivo sea alcanzar la Gran Obra.

ALQUIMISTA TAO

Parece evidente que quien se escondía en el pseudónimo Fulcanelli había elegido ese nombre por alguna razón muy específica. Esto, ya sea si el nombre lo acuñó el propio Fulcanelli, o tal vez una determinada sociedad se lo otorgara.

Pero analicemos la palabra Fulcanelli, esta deriva de "Fulciu, fulcis, fultum", que significaría en el latín algo  así como "apoyo". Y a esta palabra se sumaría "anellus, anelli"; o sea, anillo, círculo.

Así obtenemos Fulc (iu) anelli, que significa "anillos que se sostienen" o " que se apoyan entre sí".

Anillos que se sostienen da la idea de una cadena (Hector Morel) la propia esencia de la tradición alquímica, una cadena (discípulo-maestro) que naciendo desde la más remota antigüedad se prolonga hasta nuestros días.

Ello llevaría como conclusión que Fulcanelli no sería el nombre de una persona física, sino un grado dentro del complejo mundo de la alquimia y que no lo poseería sólo un individuo, sino todos aquellos que hubieran llegado al supuesto grado.

Sin embargo, esta hipótesis contradice la especial relación - trasmisión de conocimientos de los propios alquimistas, que con su postulado “el que sabe calla”, parece descartar toda suerte de organización estable con clases determinadas y protocolos.

Pero analicemos las fugaces apariciones de Fulcanelli:

En 1937, Jacques Bergier, se entrevistó con Fulcanelli.

En 1953, Louis Pawels, autor de la obra “El Retorno de los Brujos”, tuvo la certeza de haber encontrado a Fulcanelli en un café de París.

Eugene Canseliet, trabajó con Fulcanelli en los años veinte, posteriormente volvieron a encontrarse en Sevilla en 1954, Fulcanelli debía tener entre 100 y 110 años, sin embargo, según Canseliet no aparentaba más de 50 años.

Sea quien fuere, no sería aventurado decir que Fulcanelli logró finalizar la Gran Obra, es decir, llegó a descubrir la piedra filosofal, y es muy probable que este descubrimiento tuviera mucho que ver con su desaparición.

Para Fulcanelli el verdadero sentido de la Gran Obra es un largo proceso de despertar místico en el que se persigue la transmutación del propio alquimista. La alquimia es para él una ascesis, una técnica de iluminación, una labor de transmutación mental, es decir, interior.