domingo, 16 de enero de 2011

¿PUDO SOBREVIR JESÚS A LA CRUCIFIXIÓN 2?

sabana-santa-turin-cristo Analizar desde la óptica del sudario de Turín la posible supervivencia de Jesús requiere una pregunta previa ¿Fue el cuerpo de Jesús el que envolvió la síndone?

El primer escollo a superar es la datación de la antigüedad de la propia síndone, pero una vez superadas las teorías que hablaban de una falsificación de la Edad Media, si parece plausible que el lienzo tenga la antigüedad requerida para ser la mortaja de Jesús, al lector que desee profundizar más les remito a mi libro “El Enigma de la Sábana Santa de Plasencia”, pero lo que no podemos afirmar nunca desde el punto de vista científico que el controvertido lienzo envolviera el cuerpo del nazareno, podemos decir que todo apunta a que la impresión del lienzo presenta a una persona que sufrío el mismo maltrato que Jesús, con detalles sobre la crucifixión que parece ser sólo sufrió el propio Jesús, pero no podemos afirmar empíricamente que fuera él el cuerpo que presenta la síndone, quedando esta cuestión fuera del ámbito científico.

Sin embargo haciendo uso del cálculo de probabilidades y partiendo de consideraciones objetivas sí podemos afirmar que la probabilidad matemática de el tema en cuestión es altísima a favor de que realmente la síndone envolviera el cuerpo de Jesús. Para ello tomemos en consideración una serie de características del hombre de la síndone y enfrentémosla tanto a los evangelios, como a los estudios científicos, y como no, a los usos y costumbres que los romanos aplicaban a la ejecución mediante la crucifixión:

1º.- Es sabido que la crucifixión era la forma de ajusticiar más deshonrosa y que estaba reservada a los asesinos y criminales de más baja condición sin descartar también a los reos por crímenes políticos, por tanto, el castigo no terminaba con la muerte del reo sino que el desprecio al cadáver, como manifestación ejemplarizante, era casi tan importante como la ejecución, ya que de no ser así los verdugos emplearían otro método que no les comportara tanta labor. Por todas estas cuestiones es difícil que un crucificado tuviera una sepultura según los cánones, sin embargo, tanto Jesús a través de las citas evangélicas como el hombre de la síndone fueron envueltos en un lienzo (mortaja) tras la muerte.

2º.- No existe ninguna referencia histórica que indique que los crucificados se les pusiera un casco de espinos, las referencias evangélicas nos hablan de una corona de espinas y la imagen de la síndone evidencia un casco de espinas.

3º.- Lo habitual para acelerar el fallecimiento del reo era quebrar las piernas del mismo y que muriera por asfixia, aquí de nuevo coincide el evangelio de Juan con la imagen del lienzo ya que las piernas no están rotas.

4º.- En el lienzo no existen restos de descomposición, luego la exposición del cadáver en el lienzo fue breve; otra cosa es la impronta del cadáver que no analizaremos en este artículo y que continúa siendo un misterio, el cadáver fue descolgado, envuelto y de manera apresurada depositado en la tumba, debemos recordar la cercanía de la Pascua y la prohibición de realizar trabajos y tener contactos con cadáveres, la tumba no se visitó hasta el amanecer del domingo encontrándose sólo los lienzos.

Atendiendo a estas consideraciones podemos afirmar que con toda probabilidad el crucificado de la síndone sólo tiene explicación en la figura de Jesús de Nazaret.

El lector que tenga interés en profundizar en estos datos puede acudir a los trabajos de Giulio Fanti y Emanuela Marinelli, quienes afirman: “Es más probable sacar 52 veces el mismo número en la ruleta que afirmar que la síndone de Turín no es autentica”.

Pero ¿Qué nos dice el hombre de la síndone?

Todo el cuerpo que presenta la imagen de la sábana, tanto su parte frontal como dorsal, está cubierto de heridas de pequeño tamaño, pequeños círculos de unos 12 mm, separados entre sí pero unidos por una línea transversal difícil de apreciar a simple vista; vistas a la luz ultravioleta se muestran con un color azulado (típico de la sangre) enmarcadas con un halo de suero que las rodea.

18171_flagelacion Las lesiones están en todo el cuerpo, espalda, piernas, pecho, vientre, glúteos etc., pero respetando la zona del corazón, lo que demuestra la profesionalidad de los verdugos, quienes al infringir el castigo se preocuparon muy mucho en no asestar ningún golpe que fuera fatal. Sin duda alguna estamos ante las huellas de una flagelación romana infringida de manera sistemática, es decir, no se fustigaba al azar, ni con el cuerpo del reo en movimiento, sino que la flagelación tenía una finalidad en sí misma.

En la imagen existen una serie de manchas de sangre en la zona frontal, temporal, parietal y occipital. Todos los estudios están de acuerdo de que se trata de lesiones provocadas por objetos punzantes que, debido a su gran número, le produjeron una hemorragias múltiples y un agudísimo dolor. Experimentos médicos realizados para determinar el origen de estas heridas confirmaron que tan sólo un casco de espinas o púas podrían producirlas.

La región occipital presenta un mayor castigo, ello hace suponer que el hombre de la síndone, si fue Jesucristo, debió llevar la corona con el patíbulum sobre los hombros, conservándola en la cruz, confirmándonos este dato el que se distingan nítidamente los coágulos de la nuca, pues, si no hubiera llevado la corona durante el camino al Calvario y en la cruz, las caídas y la continua fricción contra el patíbulum hubieran deformado los coágulos.

Según Tácito, (Anales III,14) “los condenados a morir en la cruz debían llevar el patíbulum sobre los hombros hasta el lugar de ejecución, encuadrado entre cuatro soldados (el tetradiori) mandados por un centurión (el exactor mortis)” A este respecto el profesor Cordiglia dice: "Sobre el hombro derecho, región supra escapular y región acromial derecha, se observa una vasta zona excoriada y contusa, de forma casi rectangular, que se extiende algo oblicuamente de arriba abajo y de afuera adentro, de unos diez por nueve centímetros. Otra zona de iguales características se observa en la región escapular izquierda. Un examen atento de ambas zonas nos revela que sobre ellas ha gravitado, aunque fuera a través de alguna vestidura, un instrumento rugoso de considerable peso, de 14 centímetros de espesor, móvil y abrasivo, el cual ha allanado, deformado y vuelto a abrir las lesiones producidas por la flagelación, lacerando los labios de las heridas y produciendo otras nuevas. Este complejo traumático de contusiones y excoriaciones induce a pensar que ha sido causado por el patíbulum que el condenado sostenía transversalmente con ambas manos sobre los hombros en su viaje al lugar del suplicio (...), ahora bien, conociendo la talla del hombre de la síndone podemos deducir que sus brazos abiertos presentarían una envergadura de 1.65 metros, lo cual implica que aquel palo transversal pesaría unos 65 kilogramos (...). A cada caída del sentenciado, del tosco palo que llevaba a la espalda el hombre (...) al no poder sujetarlo con las manos, le rodaba sobre la espalda magullando la piel con su peso y con sus asperezas”.

En cuanto a la propia crucifixión el mismo Dr. Cordiglia nos ilustra: "La disposición de las manchas de sangre proclama inequívocamente y confirma que el hombre que ha dejado su impronta en la Síndone ha sido crucificado". CLAVO

El hombre de la Síndone presenta la herida de los clavos en la muñeca, no en la palma de la mano como se representaba tradicionalmente a Jesús crucificado. Pero es lógico: si hubiesen clavado al hombre de la síndone por la palma de las manos, se hubiera desgarrado la piel de las manos, y el cuerpo hubiera caído al suelo, podemos afirmar que el clavo que fijó los brazos atravesó la muñeca por el Espacio de Destot, un paso anatómico preformado y normal, camino natural por donde el clavo pasa fácilmente, y donde es mantenido muy sólidamente por los huesos del carpo y el ligamento anular anterior, sobre cuyo extremo superior se apoya. Este ligamento anular es tan fuerte que puede sostener, sin rasgarse, hasta 200 kg de peso.

Al atravesar el clavo el espacio de Destot, el pulgar se flexiona bruscamente (colocándose atravesado a la dirección de los demás dedos) por contracción de los músculos tenarios, mientras que los otros dedos se flexionaban sólo ligeramente, debido quizás a la excitación mecánica de los tendones musculares flexores mayores. Es por ello que en la síndone, las dos manos vistas por el dorso no presentan más que cuatro dedos. Los pulgares se hallan bajo las palmas".

En cuanto a los pies, la localización de la llaga del pie derecho es patente en la síndone, el pie derecho ha marcado su huella completa. Del izquierdo sólo se ve el talón y la parte central. Los dedos no aparecen, estando como encorvado sobre sí mismo, acentuando la concavidad de su planta. Esto nos indica que el pie izquierdo estuvo clavado sobre el derecho y cruzado sobre él: la planta del pie izquierdo sobre el empeine del derecho.

Al hombre de la Síndone le clavaron los pies directamente sobre el stipe, el izquierdo cruzado sobre el derecho, con un solo clavo, por el segundo espacio intermetatarsiano. La rodilla izquierda habría quedado doblada sobre la derecha, la hemorragia que produciría la entrada del clavo por ahí no es mortal y la sangre venosa debió chorrear principalmente después de que fuera retirado el clavo.

Dejaremos la lanzada para el siguiente capítulo en que intentaremos responder a una pregunta: ¿Desprende la sábana santa algún dato que pudiera darnos la posibilidad de la supervivencia del nazareno?