sábado, 12 de febrero de 2011

¿PUDO SOBREVIVIR JESÚS A LA CRUCIFIXIÓN? 3

cristo velado
cristo velado

Antes de que Jesús muriese los sanedritas pidieron a Pilatos que ante la inminente llegada de la Pascua se rematara a los reos ya que en tan señalado día estaba prohibido que hubiera cadáveres que se pudieran visualizar. Según la costumbre romana el adelantar la muerte de los reos de crucifixión se realizaba mediante la técnica llamada “crurifragium” que consistía en quebrar las piernas a golpes, de ésta manera morían rápidamente por asfixia.
Fueron quebradas las piernas de los dos acompañantes de Jesús, pero al llegar a éste y observar que ya estaba muerto renunciaron a golpearle, lo que no fue óbice para que uno de los soldados le traspasara el pecho con una lanza a fin de asegurarse que el reo estaba muerto.
Los forenses explican que en la crucifixión la muerte puede producirse por tres mecanismos:
1. asfixia .- En la postura de la crucifixión, con los brazos soportando el peso del cuerpo, los movimientos respiratorios se hacen cada vez más difíciles y llevan a la insuficiencia respiratoria
2. Shock hipovolémico.- Ocasionado por la pérdida de líquidos, fundamentalmente sangre de las heridas de los clavos y los latigazos previos, en el caso de Cristo, pero también sudor y vómitos- que pueden llevar al fallo multiorgánico.
3. Shock traumático.- con componentes de los dos anteriores agravados por el intenso dolor ocasionado por múltiples heridas.
MIÑARROII
cristo de Miñarro

Según los evangelios, al producirse la lanzada surgió de la herida sangre y agua, los médicos han determinado que el pericardio (especie de saco membranoso que envuelve el corazón) debió ser alcanzado por la lanza, se pudo ocasionar una perforación del ventrículo derecho o tal vez había un hemopericardio postraumático, o bien, fluido de pleura y pericardio, de donde habría procedido la efusión de sangre y agua.
Ante todas estas conjeturas sería extraordinario que Jesús no hubiese muerto en la cruz, sobre todo por todas las torturas que le habían infligido anteriormente; sin embargo, no era algo totalmente imposible, el historiador Flavio Josefo registra algún caso semejante en sus escritos, señala el profesor Miguel Lorente profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y especialista en análisis de ADN, a lo que añade otras circunstancias como la prisa de los discípulos, motivada por el miedo y por la proximidad del sábado, durante el que no podría hacerse nada; todo ello contribuye al posible y excepcional suceso de la supervivencia de Jesús.
Ese cúmulo de casualidades constituyen un verdadero milagro. En ese supuesto la resurrección como normalmente se entiende, como regreso de la muerte, se trataría de una resucitación biológica, un fenómeno en el fondo natural, pero extraordinario por las circunstancias que coincidieron en él.
La muerte y supervivencia de Jesús, afirma por su parte Miguel Lorente, es un milagro . Y no hay contradicción entre los hechos históricos, tal como él sostiene que fueron, y la idea de la resurrección como comúnmente la entienden los cristianos. Jesús venció a la muerte en unas circunstancias prácticamente milagrosas, y al reencontrarse con sus discípulos, éstos interpretaron como resurrección aquella resucitación biológica.
Cuando el centurión encargado de ejecutar el “golpe de gracia” atravesó el pecho de Jesús con su lanza, este se encontraba en un estado de «coma superficial o muerte aparente»
Pero ¿Por qué no lo mató esa herida? Cabe la posibilidad de que la lanzada no fuera muy profunda, al realizarse en un ángulo muy agudo, ya que Cristo estaba situado mucho más alto que el soldado, y «el bisel de la propia herida pudo actuar como mecanismo de taponamiento y evitar una hemorragia copiosa», según el propio forense.
En este punto, las prisas fueron un factor clave en la supervivencia de Jesús: los soldados deseaban regresar a la ciudad cuanto antes porque al día siguiente era la fiesta de Pascua, y los amigos de Cristo querían bajarle de la cruz rápidamente y llevárselo al sepulcro de José de Arimatea, porque la ley judía prohibía enterrar un cadáver de noche y estar en contacto con cadáveres durante la Pascua que además coincidía con el sabat.


Miguel Lorente señala: «El descenso del cuerpo de Jesús supuso su colocación en decúbito supino, es decir, tumbado boca arriba, posición que permitió la redistribución de la sangre y con ella la revascularización cerebral y la disminución de la hipoxemia (falta de oxígeno en sangre) (...)». «...La propia acción del descenso de la cruz, unida a la preparación del cuerpo con sustancias de efectos terapéuticos (mirra y aloe), permitieron compensar el cuadro de 'shock' traumático causante del coma e iniciar una serie de cuidados para su recuperación, cuidados que debieron continuarse en otro lugar distinto al sepulcro y con medios diferentes».
Las conclusiones del profesor Lorente son sorprendentes. Por un lado, del análisis de las manchas de sangre y de la propia imagen que aparece en la reliquia (Sábana Santa) deduce que la persona envuelta por la sábana no había muerto: no presentaba la típica rigidez (rigor mortis) ni «livideces cadavéricas» (zonas del cuerpo donde se acumula la sangre por acción de la gravedad que adquieren un color rojo-violáceo). Por el contrario, el forense asegura que en el lienzo hay indicios de «signos de vitalidad». En ese sentido, recuerda que la sangre deja de coagularse unos 60 minutos después del óbito, por lo que un cadáver al que se le hubieran limpiado las costras de sangre reseca y barro de decenas de heridas habría producido una intensa hemorragia que no se aprecia en la reliquia. También alude a la posición de manos y dedos en la imagen de la sábana, a la contractura muscular y a la disposición del cuerpo, ligeramente incorporado, para concluir que aquel hombre no había fallecido.




Pero ¿existen datos, pruebas o leyendas de un Jesús vivo después de su muerte?


CONTINUARÁ