jueves, 13 de octubre de 2011

FULCANELLI Y LA ALQUIMIA

El presente artículo quiero dedicarlo

a mi muy, muy querida amiga Leonor,

para que continúe la senda

de la búsqueda del conocimiento.

 

Corría el año 1.925, Europa aún intentaba asimilar los más de nueve millones de muertos originados por el enfrentamiento de la Triple Entente y las Potencias Centrales de la Triple Alianza. La Gran Guerra que había servido de laboratorio experimental para los avances tecnológicos- armamentísticos de una industria que no se marcaba límites y que empezaba a coquetear con el átomo y sus posibilidades como arma de destrucción masiva.

Primera guerra mundial.-30

Leó Szilárd, un físico judío-húngaro nacido en Budapest, parecía poseído de un especial poder, siendo muy joven predijo la Primera Guerra Mundial, solía desconcertar a la gente con declaraciones incongruentes y extrañas, pero su pensamiento era rápido y sumamente perspicaz, llevaba su excentricidad al extremo de vivir siempre en hoteles y con la maleta preparada. Asiduo lector de H. G. Wells estaba impresionado por su obra The World Set Free y sobre todo, en lo que por aquel entonces era ciencia ficción, la construcción de bombas atómicas. Un día recibió la extraña visita de dos personajes -uno de los cuales respondía al nombre de Fulcanelli- y que se presentaron como alquimistas, le advirtieron de la peligrosidad de la fisión nuclear describiendo ligeramente y de manera muy gráfica en qué se fundamentaba un reactor nuclear y la peligrosidad de los subproductos de las reacciones. Los extraños visitantes le indicaron que estaban advirtiendo a todos los científicos  y que ellos podían hacer una bomba atómica en una cocina.

Esta última afirmación fue la que, tal vez, hizo que Szilárd no prestara demasiada atención a sus extraños visitantes. En 1933 Szilárd huyó a Londres para evitar la persecución nazi y fue en esta ciudad donde concibió, tras el descubrimiento del neutrón, la idea de que era posible liberar grandes cantidades de energía mediante reacciones de neutrones en cadena, en el año 34 describía no sólo estas reacciones sino también el concepto de “masa crítica”, solicitando la patente, que le fue concedida, de “bomba atómica”.

nuclear-explosion

Estos descubrimientos trajeron a la memoria de Szilárd y de otros físicos la extraña visita de aquellos auto denominados alquimistas, comunicando la historia a los servicios de inteligencia aliados. Inmediatamente comenzó la búsqueda de estos personajes. Fulcanelli había desaparecido misteriosamente y el otro sujeto, del que no sabemos el nombre, parece ser que fue fusilado en el norte de Africa por colaboracionismo con los nazis.

Someramente, Jacques Bergier recoge parte de esta historia en su libro “El Retorno de los Brujos” y hay que tener en cuenta que este autor formó parte de los servicios de inteligencia de los aliados, y como guinda fue ayudante del físico nuclear francés Louis de Broglie.

Debemos pues presuponer la veracidad de estos hechos y de la también contrastada existencia, por sus obras, del enigmático alquimista. Este artículo, está pues destinado a seguir la pista de Fulcanelli, tan cercano a la realidad como a la leyenda, y como no del misterioso arte de la Alquimia.

LA ALQUIMIA

El que sabe hacer la obra con sólo el mercurio ha encontrado lo que hay de más perfecto; es decir, ha recibido la luz y realizado el magisterio”

alquimia-1

La Alquimia, nombre que proviene del árabe “al-Kimiya” es una muy antigua práctica protocientífica acompañada de una disciplina filosófica y que fue practicada en Mesopotamia, Persia, el Antiguo Egipto, India, Chipre, Grecia, Roma y los países  islámicos, perviviendo en Europa hasta el siglo XIX.

Considerar a la Alquimia como algo poco serio está más cercano a la fantasía que a la realidad. Sería un craso error menospreciar a una serie de personajes de gran relevancia como Isaac Newton, Roger Bacon, Ramón Llull o Santo Tomás de Aquino, como muchos otros que han sido considerados eminentes alquimistas. La Alquimia no se caracteriza por ser una disciplina abierta, sino que muy al contrario, se rodea de hermetismo dentro de la corriente filosófica en la que se sustenta.

Desentrañar el misterio de la Alquimia es seguir pistas perdidas en la historia, como si progresáramos siguiendo un hilo de Ariadna que nos llevara a la luz del conocimiento secreto; el trabajo de los Alquimistas se sintetiza en El Magnus Opus (La Gran Obra) a través del cual se busca la Piedra Filosofal.

Piedra bien conocida por todos por su fantástica cualidad de transformar el plomo en oro, cualidad ésta que es la que más ha transcendido del trabajo alquímico y que mayor desprestigio ha llevado a esta disciplina, por el convencimiento universalmente extendido, de estar navegando en las procelosas aguas de la fantasía y en lo racionalmente imposible. Sin embargo, es la propia física la que nos lleva a la realidad situando a la fantasía y a lo imposible dentro de lo plausible y realizable.

atanor acelerador 2

En el siglo XX fue posible demostrar empíricamente la realidad de la transmutación de la materia, consiguiendo mediante reacciones nucleares transformar átomos de plomo en átomos de oro, aunque estos últimos al ser isótopos muy inestables tan sólo permanecían estables cinco segundos pasados los cuales se desintegraban. Más recientemente los trabajos sobre transmutación de elementos pesados mediante electrólisis y cavitación sónica han abierto una verdadera polémica sobre la fusión fría.

Para ilustrar la posibilidad de la transmutación alquímica permítanme que les cuente una breve historia:

Durante las obras de restauración del Monasterio de Sant Cugat del Vallés, realizadas en 1.972, se encontró de manera fortuita una urna escondida en un muro, y en su interior una “reproducción”  de un melocotón realizada en mármol, la obra es más perfecta de lo que se pudiera imaginar. Sometida a análisis y visualizado a través del escáner se descubrieron cosas sorprendentes: aquel melocotón de mármol tenía tres capas diferenciadas de manera perfecta con: pulpa, hueso y piel. Los análisis  han demostrado que ¡el mármol contiene vitaminas y minerales en las mismas proporciones que se encuentran en la fruta!”

Este melocotón alquímico cristalizado en piedra se encuentra en el Museo Arqueológico de Barcelona en el interior de una cámara acorazada.

melocoton

CONTINUARÁ