viernes, 21 de octubre de 2011

FULCANELLI Y LA ALQUIMIA 2

La Alquimia

 

La Tabla Esmeralda dice:

"Y como quiera que todas las cosas lo fueran por la contemplación de una sola, así también todas las cosas surgieron de esta única cosa por un simple acto de adaptación.”

tabla

Aunque se ha asimilado tradicionalmente la idea de la Alquimia como antesala de la Química, esto está muy lejos de la realidad, los conceptos de los alquimistas eran muy distintos a los de la química. Para ellos, la naturaleza no se componía de materias orgánicas e inorgánicas (las primeras vivas, susceptibles a crecer y desarrollarse, y las segundas muertas e inertes) sino que todo, el origen de todo, provenía de una única sustancia original y todas las cosas, incluidos los seres humanos, tendían a buscar y alcanzar la perfección.

Bajo este punto de vista, los metales eran considerados como diferentes estados de un mismo intento por alcanzar la perfección. Esta perfección eran los metales nobles: el oro y la plata; los demás metales no eran más que estadios intermedios. Las creencias alquimistas sostenían que la Naturaleza, en su constante trabajar, iba transformando lentamente los metales viles en oro, donde se cerraba el proceso, y a partir de cuyo punto se reinvertía el camino, convirtiéndose los metales nobles de nuevo en metales viles.

tabla alquímica medieval

Uno de los símbolos básicos de la alquimia es el Ouroboros, (la serpiente que se muerde la cola) como significación de la eterna continuidad del proceso

Este proceso constante de ennoblecimiento y de envilecimiento hacía pensar a los antiguos alquimistas en la posibilidad de una aceleración del mismo, es decir, producir una transmutación hasta llegar al elemento noble. La Alquimia, por tanto, no iba contra la Naturaleza: lo único que hacía era intentar ayudarla, acelerar el proceso, suprimir las etapas intermedias y cambiar directamente los metales viles en oro y plata. Para ello se requería un “agente”, es decir, una sustancia muy particular y específica que consiguiera producir esa aceleración del proceso, pasando de manera brusca de un extremo a otro, transmutando el metal.

Este agente era, naturalmente, la Piedra filosofal.

Este objeto o sustancia es la culminación de una larga y laboriosa operación a la que se denomina la Gran Obra, tiene una simbología muy amplia y constituye uno de los temas fundamentales de toda la literatura alquímica. Los nombres con que se la designa son tan variados, que en una obra aparecida en Londres a mediados del siglo XVII, y que lleva por título “Los nombres de la Piedra de los Filósofos”, se incluyen casi doscientos, entre los que figuran “leche de la virgen”, “sombra del sol”, “agua seca”, “saliva de la luna” etc.. Por su parte, Pemety, en su Diccionario aparecido en París en 1787, hace figurar casi seiscientos nombres de la Piedra.

Fulcanelli, dice que según la lengua sagrada, la Piedra filosofal significa “piedra que lleva el signo del sol”, y que este signo solar viene caracterizado por su coloración roja - que puede variar de intensidad -, tiene propiedades muy variadas, su exacta naturaleza jamás se menciona. No obstante, su primera virtud es la capacidad que posee para trasmutar los metales en oro; si bien, a tal poder hay que darle una significación real y otra, no menos importante, figurada. Ramón Llull le otorga una serie de propiedades benéficas, y Mircea Eliade al referirse a ella, dice que era el compendio de todas las viejas creencias mágicas.

ouroborus

Pero en la búsqueda de la perfección de la filosofía alquímica, la Magnus Opus no es sólo el proceso “artesanal” de la búsqueda de la piedra filosofal capaz de la transmutación de los metales, sobre todo, es la transmutación del propio alquimista. La consecución de la piedra filosofal es, por tanto,  el resultado y culminación de un proceso iniciático vivido en el propio espacio psicológico del alquimista; la conquista interior del propio iniciado.

Uno de los elementos más llamativos del arte alquímico es el llamado elixir de la larga vida, la siempre ansiada búsqueda de la inmortalidad. Parece ser que en el proceso de elaboración de la piedra filosofal se produce un subproducto liquido que tiene la cualidad de ser un disolvente, con la capacidad de, ingerido en las condiciones y dosis adecuadas, disolver el agua pesada (H2O2) de las células del organismos  y convirtiendo dicha agua pesada en agua (H2O) regenerando las células y devolviéndoles el vigor de la juventud.

Como conclusión a este breve resumen podemos decir que la Alquimia no ha muerto. Aunque ahora ya no se hable públicamente de ella, sigue existiendo, los verdaderos alquimistas guardaron siempre en secreto su condición... y tal vez la sigan guardando aún. ¿Qué sabemos realmente de ellos? Estamos seguros de que ocultos en algún sótano, en la intimidad de su hogar, los alquimistas modernos siguen aún trabajando en pos de sus “quimeras...”

positronium

¿Qué buscan estos nuevos alquimistas? Quizás no el oro, tal vez algunos meta-elementos que hoy se empiezan a obtener a cambio de grandes esfuerzos energéticos logrando tan sólo algunos corpúsculos inestables, de ínfima vida, como el positronium o los átomos muónicos. En 1.937 ya se decía que Fulcanelli había obtenido meta-elementos desconocidos para la física.

Pero no olvidemos que para el alquimista, el poder sobre la materia y la energía no es más que una realidad anexa. El verdadero fin de la Gran Obra de la Alquimia es la transformación del propio alquimista, su ascenso a un estado de conciencia superior.

En mi Tetragrama hallarás tres palabras, que han de ser el lema de tu conducta:  CREER, OSAR Y CALLAR. Si crees, SABRÁS; si eres osado REALIZARÁS; si callas, CONSERVARÁS TU PODER. (Irohe el Mago: “Las Clavículas de Salomón”)

 

CONTINUARÁ …