viernes, 4 de mayo de 2012

POLIFEMO Y LAS HURDES

Hablar de lugares mágicos es hablar de Las Hurdes en Extremadura, un lugar donde la realidad se vuelve leyenda o la leyenda se hace realidad; un lugar como decía D. Miguel de Unamuno donde “Si en todas las partes del mundo los hombres son hijos de la tierra, en Las Hurdes, la tierra es hija de los hombres.”

“Dicin los curas que las almas de los muertus van a ajuntasi al Valli de Josafán, pero esu es lo que dicin los curas, que la verdá es muy otra. Las almas de los muertus salin en pruseción de ánimas, polas nochis, pero no todas las nochis, dependi de la luna. Van y vienin, cumu jubilás, de acá p'allá; van penandu... Las que tienin pocas penas que purgá, pues al cabu la postri, subin p'arriba, pero las que tienin más culpas que purgá, son encaminás a los disiertus, ande se desatan unas tormentas temerosas. Las tormentas las mandan las otras ánimas, las que ya están arriba, pa que sufran y se atormentin las ánimas que están abaju, y cuandu ya se hayan atormentáu y hayan sufríu de lo lindu, antonci ya podrán subí p'arriba.”

Una peculiar forma de entender el “más allá” descrito por Julián Sendín de la alquería de Vegas de Coria, un personaje extraño, protagonista de sucesos que hoy en día llamaríamos paranormales.

Pero hoy lo que nos ocupa es un mito, una leyenda eterna, nacida en la vieja Grecia y que en Las Hurdes toma personalidad propia, el mito de Odiseo y Polifemo, y que en estas latitudes responde a los nombres de “Nadie y Jáncanu”:

“Eres Odiseo, hijo de Laertes, con tus guerreros aqueos has saqueado la ciudad de Troya tras un asedio de diez años, gracias a tu astuta idea de construir un caballo de madera enorme. Ahora quieres volver a tu hogar, Ítaca. Partes con 12 naves perfectamente equipadas y su tripulación al completo. Estás deseando ver a tu esposa Penélope, y a tu hijo Telémaco, que era solamente un muchacho cuando te fuiste.”

En el canto IX de la Odisea de Homero, unos expedicionarios encabezados por Odiseo (Ulises) héroe de la Guerra de Troya, llegó a la isla de los Cíclopes y decidieron penetrar en una gran cueva. En ella encontraron mucha comida y empezaron a darse un gran banquete. No sabían que la cueva era el hogar de Polifemo, quien pronto se topó con los intrusos capturándolos y encerrándolos. Entonces empezó a devorar a varios de ellos, pronto Odiseo urdió un plan para escapar.

Para hacer que Polifemo se confiase, Odiseo le dio un barril lleno de un vino muy fuerte. Cuando Polifemo le preguntó su nombre, Odiseo le dijo que se llamaba «Ningún hombre» o «Nadie». Cuando el gigante, borracho, cayó dormido, Odiseo y sus hombres tomaron una lanza al rojo vivo y la clavaron en el único ojo de Polifemo. Éste empezó a gritar a los demás cíclopes que «Nadie» le había herido, por lo que entendieron que Polifemo se había vuelto loco, llegaron a la conclusión de que le había maldecido un dios, y por tanto no intervinieron. Por la mañana, Odiseo ató a sus hombres y a sí mismo al vientre de las ovejas de Polifemo. Cuando el cíclope llevó a las ovejas a pastar, palpó sus lomos para asegurarse de que los hombres no las montaban, pues al estar ciego no podía verlos, no palpó sus vientres, y de esta manera huyeron los supervivientes.

“El Jáncanu de las Hurdes es un cíclope, un ser gigantesco, de aspecto horrible y malas intenciones, con un solo ojo en el centro de su frente. Vive en una cueva y se dedica a pastorear ovejas y cabras. Un día, un pastor de la zona perdió su rebaño en el monte. Como se le hacía de noche y sus cabras no aparecían, emprendió su búsqueda. Escuchó los balidos de sus cabras y fue tras ellas. Resulta que sus cabras se habían mezclado con las del Jáncanu, quien se las llevaba a su cueva. El pastor consiguió agarrarse a los pelos de la barriga de un macho cabrío y entrar en la cueva. Dentro de la cueva, el Jáncanu, mientras encendía una antorcha, repitió varias veces:

– ¡Huele a carne humana!

El Jáncanu consiguió atrapar al pastor y decidió que se lo  comería. Mientras encendía una hoguera, le dijo:

– Te voy a asar, pero antes quiero saber cómo te llamas.

El pastor que era muy listo, le dijo:

– Me llamo Nadie.

– Muy bien, Nadie. Me voy a beber un pellejo de vino antes de asarte.

El Jáncanu se bebió tres pellejos de vino. Con la borrachera se echó a dormir, lo que aprovechó el pastor para coger un leño ardiendo y se lo metió por el único ojo que tenía el Jáncanu, quien comenzó a lanzar unos terribles gritos de dolor. Más adentro de la cueva se encontraba su madre, la Jáncana, que aún era más mala. Ante los alaridos de su hijo, preguntó:

– ¿Quién anda por ahí?

El Jáncanu le contestó:

– ¡Nadie, Nadie!

– Pues si no anda nadie, ¿por qué gritas tanto?

Ante tanto griterío, las cabras se espantaron dentro de la cueva y la Jáncana nuevamente preguntó:

– ¿Quién ha espantado el ganado?

El Jáncanu le volvió a contestar:

– ¡Nadie, Nadie!

A lo que su madre le respondió:

– Si nadie te espanta el ganado, ¿a qué viene tanto jaleo?

Se colocó el Jáncanu a la puerta de la cueva y empezó a sacar el ganado, para evitar que se hiciera daño. Al no ver nada, tocaba una por una las cabras que iban saliendo. Como era muy listo, el pastor mató rápidamente una cabra, le quitó la piel y se cubrió con ella. Cuando le tocó salir, el Jáncanu tocó con sus manos la piel de cabra que cubría al pastor y lo dejó salir, creyendo que era una de las cabras. El pastor salió corriendo, mientras se burlaba del Jáncanu. Éste enfurecido lo persiguió por unos riscos. El pastor consiguió atravesar de un salto un gran desnivel, pero el Jáncanu, al no ver nada, cayó hacia el fondo del precipicio, pero no se mató.”

Sorprendente sin duda esta adaptación del mito de Odiseo en unas tierras donde la magia y el misterio se dan la mano, un lugar sorprendente de la Alta Extremadura donde volveremos a por más historias.

HURDES

La presencia de Polifemo en la mitología hispana es bastante rica, baste recordar como ejemplo al Tartalo vasco.

FUENTES
F. FLORES DEL MANZANO (1998): “Mitos y leyendas de tradición oral en la Alta Extremadura