jueves, 31 de mayo de 2012

LAS APARICIONES

La década de los setenta fue rica en fanatismo religioso con multitud de apariciones marianas a lo largo y ancho de todo el territorio español. La proliferación de videntes y hechos aparentemente inexplicables dieron alas a la fervorosa imaginación de, no pocos, incautos que cayeron en redes más preocupadas por lo material que en trascendencias espirituales. Es de destacar, eso sí, que en aquel caldo de cultivo de oscuridad y de predisposición a lo maravilloso no fueron pocos los fenómenos parapsicológicos que sucedieron, dando así más realce, si cabe, al tan buscado hecho miracolístico.

aparición

Quizás el inicio de toda esta fiebre de apariciones fueran los hechos acontecidos en la ciudad cántabra de San Sebastián de Garabandal que traspasaron fronteras y trajeron estudiosos y científicos de todo el mundo, teniendo estos fenómenos religiosos su gran eclosión en El Palmar de Troya, sin menospreciar algunas apariciones, no tan conocidas como las de Valencia, Can Sardá (Cerdanyola) o en la ermita del Turo (Montcada), estas dos últimas en la provincia de Barcelona.

Como quiera que mi curiosidad me empujara a asistir a algunos rituales, esperando más el fenómeno inexplicable que la aparición divina, pude constatar algunas situaciones cuanto menos curiosas y que hoy con algún bagaje más en mi mochila puedo analizar con mayor rigor que en aquellos años.

Casi de pasada y trece años después de los hechos, tuve referencias directas de los fenómenos de Garabandal, conocí al Dr. Ricardo Puncernau y de inmediato se convirtió en un referente para mí: Vicepresidente de la Sociedad Española de Sofronología y Medicina Psicosomática y Presidente de la Asociación Española de Investigaciones Parapsicológicas. Una mente pre clara que me fascinó con sus investigaciones sobre la PES (Percepción Extrasensorial) y su relación con el SARA (Sistema Activador Reticular Ascendente).

Las investigaciones de campo en Garabandal cambiaron su vida y me atrevo a decir que su objetividad, es decir, se implicó tanto en aquellos fenómenos que olvidó su base empírica, dejó de ser observador para convertirse en parte de lo observado: «Lo he sopesado, pensado y observado a conciencia y he sacado la siguiente conclusión: en Garabandal no ha existido, ni existe ningún otro causante, actuante allí, y en relación con lo de allí que la Santísima Virgen.» Una afirmación tan rotunda como atrevida, pero ¿Qué pasó en Garabandal?

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Todo empezó el domingo, 18 de junio de 1961, aquella tarde, Mari Cruz, de 11 años, y Conchita, Jacinta y Mari Loli, de 12, oyeron un trueno y “una figura muy bella, con muchos resplandores” se hace visible ante ellas. Habían empezado las apariciones marianas de Garabandal. Las sucesivas visitas de las niñas al lugar de la aparición llevan un patrón concreto: primero rezan, para caer a continuación en una especie de trance, sus cuerpos quedan inmovilizados, sus rostros mantienen una expresión dulce y sus ojos miran en la misma dirección, hacia un determinado punto del cielo, estando sus cabezas dobladas hacia atrás casi en ángulo recto con la espalda.

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“Viene con un vestido blanco, el manto azul, la corona de estrellas doradas, las manos estiradas, con un escapulario marrón, salvo cuando lleva al niño en brazos; el pelo largo, castaño oscuro, con raya en medio; la cara alargada, con nariz muy fina; la boca muy bonita, con labios un poco gruesos; aparenta unos 17 años y es más bien alta”

Las apariciones de la Virgen se multiplicaron. Podía verse a las niñas tumbadas en el suelo boca abajo totalmente rígidas, y con la cabeza estirada hacia atrás, mirando hacia arriba; o caminando de espalda a gran velocidad llevando las cuatro el mismo paso, e incluso desplazándose de rodillas sobre un terreno pedregoso. Se observa también como, mirando hacia el cielo, cogen diversos objetos religiosos de los presentes para ser bendecidos y luego los devuelven a sus respectivos dueños, sin equivocarse. A veces, los trances llegaban a durar hasta dos horas, las niñas despertaban del “trance” simultáneamente. Se hablaba de fenómenos como la “comunión mística”, la levitación, los aromas celestiales. Después ya entramos en la dinámica de mensajes de la Virgen más o menos secretos y de tintes catastrofistas.

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Pero ¿Qué pudo suceder en Garabandal para que mentes formadas científicamente y de diversas partes del mundo se dejaran arrastrar por aquella ola mística?