martes, 31 de diciembre de 2013

La miracolística y los fenómenos paranormales

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Sesenta años de edad contaba Fray Juan Macías cuando la enfermedad le llevaría a la tumba. El médico que le asistía había perdido toda esperanza de recuperación y el propio Fray Juan Macías era consciente de que había llegado su hora. En aquel trance supremo, sabiendo que se enfrentaría a la Verdad Absoluta comprendió que era la hora de la despedida definitiva. Fray Juan Macías se lo advierte a los hermanos que lo acompañan: "Ahora, sí. Es llegada mi hora. Que se haga en mí la voluntad del Señor". Siguiendo la costumbre de aquellos tiempos, los religiosos de la comunidad se dirigen procesionalmente a la habitación de fray Juan, acompañando el Santo Viático. Fray Juan se sienta, con la ayuda de sus hermanos y, por última vez, recibe con todo fervor la santa comunión.

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Después de unos minutos de oración, en profundo recogimiento, el prior le administra los santos óleos, en medio de salmos e himnos que los religiosos cantan invocando el perdón y la misericordia de Dios.

Cuando los hermanos cantaban la tierna plegaria "Salve Regina", con la que los Dominicos despiden a sus hermanos de este mundo, Fray Juan Macías entregaba su alma. Eran las 6:45  del día 16 de septiembre de 1645.

304 años más tarde, el 25 de enero de 1949 se presentó una situación muy delicada en la Casa de Nazaret del Instituto San José de  Olivenza (Badajoz). Allí se alojaban medio centenar de niños cuya alimentación dependía de la caridad de algunas familias. Leandra, la cocinera, se encontró aquel día con que solo disponía de 750 gramos de arroz y encomendándose al entonces beato Juan Macías puso el arroz en el perol   "¡A ver qué haces!" Cuando regresó a la cocina, se encontró en el fogón una cantidad de arroz mucho mayor de la que había echado, tanto que empezó a rebosar y tuvo que pedir ayuda para pasar el alimento a otro perol. Llamó al párroco, Luis Zambrano, y a la directora del Instituto, María Gragera Vargas, que se convirtieron en los primeros testigos del milagro.

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El prodigio duró ininterrumpidamente durante cuatro horas y de aquellas tres tazas de arroz iniciales pudieron comer los cincuenta niños del centro y un centenar de pobres, ante la mirada atónita de los habitantes del pueblo, que acudieron a ver el hecho.

Este milagro fue reconocido oficialmente por el Vaticano, y es de los muy escasos de este tipo que registra la historia, desde que el mismo Jesucristo lo realizase por primera vez con la multiplicación de los panes y los peces que narran los Evangelios.

La gran pregunta es si nos encontramos ante un milagro o un fenómeno paranormal. Sin duda, la cercanía en el tiempo y la sobrada documentación nos alejan de un relato fantasioso, ¿fue realmente el hoy santo Fray Juan Macías  el artífice del prodigio? ¿porqué se prodigan hechos de este tipo

en América del Sur? no debemos olvidar entre otros a la Venerable de Agreda. Hay muchas interrogantes a desvelar, pero tenemos un hecho en común:

Treinta y seis años después de su muerte, los restos de fray Juan Macías fueron trasladados a un ataúd de cedro y, para sorpresa de todos los presentes, los hallaron incorruptos. Ahora mismo, se pueden contemplar los restos de fray Juan Macías, disecados al igual que los de la Venerable.

Esto serán temas que trataremos en los próximos post.

sábado, 23 de marzo de 2013

¿ESTUVO CASADO JESÚS DE NAZARET? III



El papel de la mujer en la Palestina de la época de Jesús de Nazaret era mucho más restrictivo de lo que nos presentan los relatos del Nuevo Testamento, e incluso más de lo que hoy podemos pensar. El desprecio de los hombres por sus mujeres era algo que hoy resulta difícil de comprender, a pesar de que asistimos diariamente a procederes parecidos desde algunas etnias del mundo musulmán.

Cuando la mujer judía salía de su casa, debía contemplar una serie de protocolos: tenía que llevar siempre la cara cubierta con un tocado que consistía en dos velos sobre la cabeza, una diadema sobre la frente, con cintas colgantes hasta la barbilla, y una malla de cordones y nudos, con lo que se pretendía ocultar los rasgos de su rostro. Si alguna  mujer salía de su casa sin llevar la cabeza cubierta ofendía hasta tal punto los principios básicos  que su marido tenía el derecho y hasta el deber de despedirla, y todo ello con el beneplácito y la bendición de los doctores de la ley. 

La ley  llegaba hasta el extremo de que la mujer que hilaba a la puerta de su casa podía ser repudiada, sin recibir el pago estipulado en el contrato matrimonial.

Estas reglas eran tenidas muy en cuenta sobre todo entre las clases sociales más puritanas, especialmente los fariseos, pues todas estas prescripciones afectaban a las familias acomodadas, donde la mujer, efectivamente, podía llevar una vida retirada, no así en las familias populares, donde la necesidad de la supervivencia obligaban a que la mujer  ayudara a su marido muchas veces en el trabajo y, por tanto, se relacionara de otra manera.


La situación de la mujer en la casa no se veía modificada. En relación a la conducta pública las hijas debían ceder siempre los primeros puestos, e incluso el paso por las puertas a los hermanos. Su formación se limitaba estrictamente a las labores domésticas, así como a coser, tejer, la molienda diaria del trigo etc. cuidaban de los hermanos más pequeños.  Al padre tenían la obligación de alimentarlo, darle de beber, vestirlo, cubrirlo, sacarlo de casa cuando era anciano, y lavarle la cara, las manos y los pies. 

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. La sociedad judía de aquel tiempo distinguía tres edades: la menor qatannah -hasta la edad de doce años y un día-, la joven na’arah, -entre los doce y los doce años y medio-, y la mayor bôgeret, -después de los doce años y medio-. Hasta esta última edad, el cabeza de la familia tenía la absoluta potestad, a no ser que la joven estuviese ya prometida. Según este código social las hijas no tenían derecho a poseer absolutamente nada: ni el fruto de su trabajo ni tan siquiera algo que pudiera encontrar casualmente. Todo era del padre.

La hija, hasta los doce años y medio, no podía rechazar un matrimonio impuesto por el padre. El padre podía venderla como esclava, siempre que no hubiera cumplido los doce años. Los esponsales solían celebrarse muy temprano. Al año de ser mayor la hija celebraba la boda, lo que significaba en realidad un cambio de dueño, pues pasaba de la potestad paterna a la del marido.
En realidad,  la diferencia entre la esposa y la esclava o la concubina era que aquella disponía de un contrato matrimonial, lo que tan solo significaba que a cambio de muy pocos derechos, la esposa se encontraba cargada de deberes.

Al estar permitida la poligamia, la esposa tenía que soportar la presencia y las  afrentas de las concubinas. En cuanto al divorcio -que estaba regulado por la Ley mosaica- el derecho estaba única y exclusivamente de parte del marido. Solo él podía iniciar el trámite, lo que lógicamente daba lugar  a constantes abusos e injusticias.

La carencia de hijos era considerada como una gran desgracia, incluso como un castigo divino; la mujer, al ser madre de un hijo, era más respetada pues había dado a su marido el regalo más precioso.

Desde el punto de vista religioso, la mujer  tampoco estaba equiparada con el hombre. Se veía sometida a todas las prescripciones de la Torá y al rigor de las leyes, incluida la pena de muerte, no teniendo acceso, en cambio, a ningún tipo de enseñanza religiosa. Una sentencia decía: “Vale más quemar la Torá que transmitirla a las mujeres”.

De las dos partes de la sinagoga, sabbateion y andron, la primera estaba dedicada al servicio litúrgico y era accesible a las mujeres; por el contrario, la otra parte, destinada a las lecciones de los escribas, solo era accesible a los hombres y los muchachos. Las mujeres solamente podían entrar en el templo al atrio de los gentiles y al de las mujeres; durante los días de la purificación mensual y durante un período de 40 días después del nacimiento de un varón y 80 del de una niña, no podían entrar siquiera al atrio de los gentiles. Durante este período se consideraba a las mujeres fuentes de impureza y debían mantenerse alejadas de los lugares de culto.
Por todo ello el nacimiento de un varón era motivo de alegría, y el de una niña se veía acompañado de la indiferencia, e incluso de la tristeza. Los escritos rabínicos llegaban a proclamar: “¡Desdichado de aquel cuyos hijos son niñas!”.

En este ambiente no es extraño que aquel que se rodeaba de mujeres, que departía con ellas y que estas le siguieran, no fuera mirado con buenos ojos, incluso sus discípulos se sorprenden cuando encuentran a su maestro hablando en un pozo con una samaritana. Pero esta especial sensibilidad del hombre de Nazaret con las mujeres, en comparación a la actitud con sus coetáneos, no es ni mucho menos prueba o verificación de que Jesús estuviera casado. Sin embargo sí hay fundamentos más acordes con la forma de entender la vida en aquella época y en aquella sociedad que sí apuntan en ese sentido.



Evangelio Armenio de la Infancia (Relato de Santiago, hermano del Señor)

1. En aquel tiempo, un hombre llamado Joaquín salió su casa, llevando consigo sus rebaños y sus pastores, y fue al desierto, donde fijó su tienda. Y, después de haber permanecido allí en oración, durante cuarenta días y cuarenta noches, gimiendo, llorando y no viviendo más que de pan y de agua, se arrodilló, y, en la aflicción de su alma, rogó a Dios en estos términos: Acuérdate de mí, Señor, según tu misericordia y tu justicia, y opera en mí una señal de tu benevolencia, como lo hiciste con nuestro antepasado Abraham, a quien, en los días de su vejez, concediste un vástago de bendición, hijo de la promesa: Isaac, su descendiente único y prenda de consuelo para su raza. Y de esta suerte, con lágrimas y alma afligida, pedía piedad a Dios. Y decía: No me iré de aquí, ni comeré, ni beberé, hasta que el Señor me haya visitado, y haya tenido compasión de su siervo.

2. Y, cuando se acabaron los cuarenta días de ayuno, advino el ángel del Señor, y, colocándose ante Joaquín, le dijo: “Joaquín, el Señor ha oído tus plegarias, y ha atendido tus súplicas. He aquí que tu mujer concebirá, y te dará a luz un vástago de bendición. Y su nombre será grande, y todas las razas lo proclamarán bienaventurado. Levántate, toma las ofrendas que has prometido, llévalas al templo santo, y cumple tu voto. Porque yo iré esta noche a prevenir al Gran Sacerdote, para que acepte esas ofrendas”. Y, después de hablar así, el arcángel lo abandonó. Y Joaquín se levantó en seguida con júbilo, y partió con su numeroso ganado y con sus ofrendas.

CONTINUARÁ

sábado, 9 de febrero de 2013

¿ESTUVO CASADO JESÚS DE NAZARET? II



La Palestina del siglo I era, desde el punto de vista social, muy compleja. Jerarquías y divisiones sociales se daban la mano con hombres libres, esclavos, gentiles, judíos y samaritanos, amén de las divisiones hombre y mujer y los diferentes roles que cada uno debía cumplir, ricos y pobres, más las diferentes  escuelas rabínicas etc.  Siendo la propia  religión judía la que establecía estas jerarquías en muchos casos propiciando divisiones difícilmente reconciliables.

El griego era la lengua del comercio y de la cultura, el arameo era la lengua del pueblo y el latín la lengua oficial. Existían ciudades que constituían verdaderos  centros de poder económico, y que normalmente tenían origen griego o romano y que gozaban de una cierta  independencia, ejemplos de esta realidad eran las ciudades de Séforis, Tiberíades y Jerusalén, que  estaban controladas por mercaderes y que en muchas ocasiones no eran judíos. En el medio rural la situación era distinta. La mayoría de la población era judía y existían altos índices de  pobreza debido al mal reparto de la propiedad.
Una difícil situación a la que hay que añadir que Palestina era una nación ocupada bajo el  dominio romano desde el 63 a. C. bajo el imperio de Pompeyo,  y posteriormente Augusto y Tiberio. Los judíos, aunque bajo dominio romano, mantenían su rey y sus leyes.
La sociedad estaba dividida fundamentalmente en tres clases sociales bien diferenciadas: los saduceos, los fariseos, esenios y los zelotes.


  • ·        Los saduceos eran los miembros de lo que podemos llamar aristocracia judía, no es de extrañar pues, que los invasores de la Palestina buscaran su apoyo para poder someter  más fácilmente al pueblo. Y ésta fue claramente una de las características de esta clase social, es decir, eran colaboracionistas que se sometían al poder extranjero, independientemente de que  fueran griegos o romanos; camaleónicamente adoptaban sus modas y cultura. Esta sumisión al poder les permitía tener los cargos públicos más importantes: el sumo sacerdote era miembro de este grupo, así como la aristocracia y los principales propietarios de tierras. Desde el punto de vista religioso negaban la inmortalidad del alma y la resurrección, la existencia de espíritus o ángeles. Según Flavio Josefo no aceptaban la predestinación y enfatizaban en el libre albedrío humano para escoger entre el bien y el mal; rechazaban la interpretación de la Torá de los rabinos,  afirmaban que Dios premiaba a los hombres buenos en vida, por lo que ellos, al ser ricos, eran el pueblo bueno. Su filosofía era materialista, liberal y mucho más mundana que la de las demás castas. Tras las guerras macabeas  los judíos más ricos y educados así como los que residían más allá de los límites de Palestina, gradualmente tendieron a asimilar la cultura griega, a éstos se les denominó helenistas y constituían el elemento liberal de la sociedad judía. Pero la mayoría de los que vivían en Judea se aferraron tenazmente a las costumbres  de sus antepasados, y sobre todo, a su religión.
  • ·        En oposición a las influencias griegas, surgió en Judea un movimiento conservador cuyos miembros tomaron el nombre de hasidim ( "los piadosos" o "santos") este fue el origen de los fariseos, cuyo nombre significa "separatistas",  aparecieron por primera vez como  partido político alrededor del año 120 a. C., durante el tiempo de Juan Hircano,  eran el partido mayoritario, popular y ortodoxo. Su programa consistía en adherirse rígidamente a la ley y a la multitud de interpretaciones tradicionales de las Escrituras. No se apartaban del bullicio y de la actividad de la vida, pero eran severos jueces de ella y procuraban evitar las relaciones que creían que los contaminaban. 


Los fariseos creían en la vida después de la vida y que la felicidad de Dios sólo podría disfrutarla el justo. En ese estado beatífico los buenos recibirían la recompensa de su virtud. Pero los impíos, los que resistían a Dios, los que desobedecían la ley divina, sufrirían para siempre. Esta creencia de felicidad futura les convertía en fanáticos seguidores de la Ley escrita.

  • ·        Tras las guerras Macabea  los llamados Esenios  se retiraron al desierto para "preparar el camino del Señor", bajo el mando de un nuevo líder, el Maestro de Justicia. En realidad este movimiento, mitad político y mitad religioso, se convirtió en una secta apocalíptica y se retiraron al desierto para esperar el fin de los tiempos. Se convirtieron en una comunidad cerrada, quien deseara integrarse en ella debía ser instruido, aceptado y durante dos años permanecía estrechamente vigilado hasta ser aceptado definitivamente;  sus bienes pasaban a ser parte de toda la comunidad y, al igual que los frutos del trabajo personal, se distribuían según las necesidades de cada uno, dejando una parte para auxiliar a pobres, viudas, huérfanos, desempleados, forasteros y esclavos fugitivos que, sin ser integrantes de la comunidad, requirieran ayuda. Se imponía  un estricto código de disciplina, cuya base era la corrección fraterna mutua. Por lo general, las mujeres no eran aceptadas dentro de la comunidad, y los hombres practicaban el celibato toda su vida, aunque según Josefo, una parte de los esenios sí permitían el matrimonio y entre las normas de Qumran se reconoce claramente la opción de casarse.

  • ·     Los zelotes o zelotas fueron un movimiento político-nacionalista en la Palestina del siglo I. Fue fundado por Judas el Galileo como una rama de los fariseos,  fueron la facción más violenta del judaísmo de su época, enfrentándose frecuentemente a otras facciones como los fariseos o saduceos, a quienes acusaban de que solo les importaba el dinero.  Su nombre ha pasado a ser sinónimo de intransigencia o radicalismo militante. Algunos historiadores los consideran como uno de los primeros grupos terroristas de la historia ya que utilizaban el homicidio de civiles colaboracionistas con el gobierno romano, para disuadir a otros de hacer lo mismo. Dentro del movimiento zelota, una facción radicalizada conocida como los sicarios, se distinguió por su particular virulencia y sectarismo. Su objetivo era una Judea independiente del Imperio Romano mediante la lucha armada.

Podríamos hablar de otras subdivisiones dentro de la sociedad judía, como los publicanos, pero bástenos saber que existían los am ha' aretz o pueblo de la tierra, los más desfavorecidos por la fortuna que ni sabían ni entendían de la Ley, pues bastante preocupación tenían con comer cada día.

Un amplio abanico desde los acomodados, los fanáticos religiosos, los apocalípticos y los terroristas nacionalistas, más una gran masa de población dentro de la más absoluta pobreza, este era el panorama social y político en que se desenvolvió Jesús, pero ¿qué papel jugaba la mujer en esta compleja sociedad?

martes, 29 de enero de 2013

¿ESTUVO CASADO JESÚS DE NAZARET?




(PRIMERA ENTREGA) 
En el Congreso Internacional de Estudios Coptos de Roma la profesora Karen King, de la Harvard Divinity School, presentó un fragmento de un papiro del siglo IV, al que hasta ahora no se había prestado atención, y que podría formar parte de un evangelio apócrifo donde se hace mención a Jesucristo y su esposa. Este papiro escrito en copto aporta la primera prueba de la creencia, por parte de algunos de los primeros cristianos, de que Jesús habría estado casado. Un comunicado de la Universidad de Harvard añade que expertos como Roger Bagnell, director del Instituto para los Estudios del Mundo Antiguo, consideran que el fragmento de papiro analizado es auténtico, de acuerdo con un análisis del soporte y la escritura


Según la profesora King, en el fragmento analizado Jesús habla de su madre y de su esposa, a una de las cuales se refiere como "María". Además, los discípulos discuten si María es digna y Jesús contesta: "puede ser una de mis discípulos”.

Este fragmento de lo que posiblemente fuera un evangelio, no prueba la teoría de que Jesús estuvo casado con María Magdalena o si esta fue aceptada como discípulo, pero sí reabre un debate que se ha dado desde los orígenes del cristianismo. Tradicionalmente aceptamos el celibato de Jesús, a pesar de no existir una evidencia histórica que sustente este llamémosle “dogma”, sabemos de los debates en el seno de la naciente iglesia sobre la conveniencia o no de que los ministros de la misma contrajeran o no matrimonio, y también sabemos que la situación marital de Jesús no fue discutida hasta un siglo después de su muerte.

 Este fragmento, posiblemente, forme parte de un evangelio perdido, conocido por los investigadores como “Evangelio de la Esposa de Jesús” y que con toda probabilidad se escribió originariamente en griego en el siglo II y traducido posteriormente a la lengua copta de los cristianos de Egipto.

No sé qué importancia tiene desde el punto de vista doctrinal el hecho de que Jesús de Nazaret estuviera o no casado, pero parece haberse convertido en una obsesión, no solo el negar un posible matrimonio sino también el negar, aún en contra de los propios evangelios canónicos, que tuviera hermanos o hermanas.

 Los evangelios canónicos nos dicen que Jesús desempeñó su oficio como carpintero en Nazaret (Mc 6,3) y que cuando tenía unos treinta años inició su ministerio público (Lc 3,23). Durante el tiempo que lo ejerce hay algunas mujeres que le siguen (Lc 8,2-3) y otras con las que mantiene amistad (Lc 10,38-42). Aunque en ningún momento se nos dice que fuera un hombre célibe, casado o viudo, los evangelios se refieren a su familia, a su madre, a sus “hermanos y hermanas”, pero nunca a su “mujer”. Jesús era conocido como el “hijo de José” (Lc ,23; 4,22; Jn 2,45; 6,42) y, cuando los habitantes de Nazaret se sorprenden por su enseñanza, exclaman: “¿No es este el artesano, el hijo de María, y hermano de Santiago de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?” (Mc 6,3). En ningún lugar de estos evangelios se hace referencia a que Jesús tuviera o hubiera tenido una mujer.

 Existen datos de que en el judaísmo del siglo I se vivía el celibato. Flavio Josefo, Filón y Plinio el Viejo  afirman que había esenios que vivían el celibato, lo cual nos sugiere una pregunta: ¿era Jesús un Esenio?
La crucifixión de Cristo

Independientemente de que fuera o no Jesús un Esenio ¿Podía un judío sin hijos hablar en la sinagoga? Habrá que tener presente los principios fundamentales de la religión judía y la palabra del propio Dios quien dice:

"Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra" (Gn. 1, 28). Por eso los rabinos enseñaban que ningún hombre decente podía dejar de cumplir ese mandamiento divino. Tan importante se consideraba el matrimonio, que el rabino Eliezer ben Hircano calificaba de "asesino" al hombre que no tenía hijos. Y el Talmud enseñaba que "un hombre sin una mujer es solo medio hombre".
Detalle del cuadro

Nos encontramos pues, ante una encrucijada, que ha sido sustentada y debatida a través de los tiempos, de manera más velada en unas épocas que en otras: de la presencia de una mujer anónima y embarazada en el cuadro de  Hans Baldung  “La Crucifixión de Cristo”, o la ambigüedad de “la última cena” de Leonardo da Vinci, pasando por el libro “El código da Vinci” basado en un libro anterior llamado “Jesús o el secreto mortal de los Templarios” donde la descendencia de Jesús de Nazaret y María de Magdala conforman una dinastía de Sangre Real que debe ser preservada. 

Discutir sobre el celibato de Jesús no se puede hacer al margen de la sociedad en la que vivió y desarrolló su mensaje, cuestiones que ahora se nos antojan banales tenían en aquella época una transcendencia total y absoluta. Es por ello, que vamos a hacer un acercamiento a aquel momento social, desde los datos que poseemos, y también el interés que  pudiera tener la convulsa y naciente iglesia en posicionarse en uno u otro sentido.

Os emplazo  a la próxima entrega en la que analizaremos la situación política y social de la Palestina de Jesús.

CONTINUARÁ