jueves, 17 de abril de 2014

¿PUDO SOBREVIVIR JESÚS A LA CRUCIFIXIÓN?

 
Recupero el artículo que escribí en 2011 a petición de algunos lectores e intentaré ampliarlo en entradas sucesivas.
Cicerón describe la crucifixión como la más cruel y terrible de todas las formas de ejecución.

La crucifixión ha sido una de las maneras más espeluznantes con la que los hombres han sido ajusticiados por sus semejantes. La crucifixión no es sólo muerte, sino también tortura, dolor, agonía... era el método de asesinato legal más espantoso, así como elemento disuasorio y de advertencia a todo el que pudiera pensar en vulnerar las leyes. Por ello, la crucifixión era pública y en lugares abiertos para que los cuerpos quedaran expuestos y todos pudieran ver la magnitud del castigo.

Gracias al descubrimiento en 1968 de los huesos de Giv’at ha-Mitvar, al norte de Jerusalén y que pertenecían a un hombre crucificado de unos 26 años de edad y 1,67 metros de altura, podemos tener una idea muy completa de cómo era en realidad el suplicio de la crucifixión.clavos pie
Como describen los Evangelios, los reos de muerte eran flagelados. Dentro del protocolo de la flagelación los romanos utilizaban tres grados de intensidad, utilizando el más duro para los reos de muerte, a los que tras el severo castigo, cargaban el travesaño o patibulum sobre los hombros y le hacían llevarlo hasta el lugar de la ejecución, donde el madero vertical o stipe ya estaba clavado de manera fija. El hombre era tendido en el suelo boca arriba y sus brazos clavados al travesaño por los huesos de la muñeca; entonces se subía el travesaño y se fijaba al madero vertical, le subían las piernas y le clavaban los pies al madero. El examen de los clavos ha demostrado que el clavo atravesaba antes un trozo de madera de acacia o almendro para fijarse mejor. En el caso concreto de Giv’at ha-Mitvar, el clavo se había fijado a los huesos de los talones de tal modo que para descolgar al reo tuvieron que cortarle uno de los pies. Todo el peso del cuerpo quedaba colgado de los brazos, por lo que el cuerpo tiraba hacia abajo colapsando los pulmones, y el reo debía elevar su cuerpo para poder respirar y comenzaba una agonía que podía durar horas y horas e incluso días, hasta el fallecimiento, generalmente por asfixia, entre aterradores sufrimientos. Por encima de su cabeza se clavaba un cartel donde se daba cuenta de los crímenes cometidos por el reo.

Como medida de gracia, los soldados podían partir las piernas de los reos a golpes para acelerar su muerte, tal y como demuestra el examen médico de estos huesos donde el ángulo de la fractura es clave para determinar la postura exacta del reo en la cruz. Los huesos de Giv´at ha-Mitvar nos muestran heridas atroces que testimonian el completo desprecio por la vida y el dolor ajeno.

El relato de los evangelios nos hace pensar que Jesús llegó en condiciones muy precarias a la cruz debido a los sufrimientos y torturas padecidos tanto por la guardia del templo como por los romanos, sobre todo por la flagelación a que fue sometido.
CRÓNICA DE UNA CRUCIFIXIÓN
Desde la base de los conocimientos de la fisiopatología del paciente traumatizado, se puede llegar a inferir, hoy en día, los cambios fisiológicos padecidos por Jesucristo durante su pasión y muerte. Los relatos bíblicos de la crucifixión descritos a través de los evangelios y documentación científica al respecto, describen que padeció y sufrió el más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir un ser humano.

Descubrimientos arqueológicos relacionados con las prácticas romanas de la crucifixión, nos proveen de una información muy valiosa que da verdadera fuerza histórica a la figura de Jesús, y a su presencia real en la historia del hombre.

Históricamente este acontecimiento se inicia durante la celebración de la pascua judía, en el año 34 de nuestra era. La última cena, en realidad la cena pascual o seder con la que la tradición judía conmemoraba el éxodo, esta cena se realizó el jueves 6 de abril (13 de nisan), la crucifixión se llevó a cabo el 7 de abril (14 de nisan).

oración huertoEl pasaje de los Evangelios conocido como la oración en el huerto o de Getsemani, es el lugar donde comienza el drama de la crucifixión. Los escritores sagrados describen lo vivido por Jesús antes de ser tomado como prisionero, lo refieren como una mezcla indecible de tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza. Esto expresa una pena moral que ha llegado al mayor grado de su intensidad.

Fue tal el grado de sufrimiento moral, que según los cronistas sudó sangre, manifestación somática denominada (hematihidrosis o hemohidrosis). “sudor de sangre, que le cubrió todo el cuerpo y corrió en gruesas gotas hasta la tierra”. (Lc 22, 43). Este sudor de sangre no es normal dentro de la experiencia médica y de ser debería presentarse asociado a desórdenes sanguíneos, con congestión vascular capilar y hemorragias en las glándulas sudoríparas.

Después de esta primera situación ocasionada por la angustia intensa. Es sometido a un ayuno que durará toda la noche, durante el juicio, y persistirá hasta su crucifixión.

La flagelación

flagellum txillatum
La flagelación era un paso previo, legalmente constituido, anterior a toda ejecución romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, de tal manera que obligatoriamente la espalda debía estar encorvada, de modo que al descargar sobre ésta los golpes, podían hacerlo con toda la fuerza.

El instrumento usual era un látigo corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de oveja a varios intervalos. El castigo infringido de manera repetida sobre la espalda ocasionaba profundas contusiones y hematomas, así como desgarros de la piel y del tejido subcutáneo, las laceraciones llegaban a cortar hasta los músculos produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada y pérdida importante de líquidos (sangre y plasma).

Si a ello añadimos que la hematidrosis sufrida en Getsemaní había dejado la piel muy sensible en Jesús, el panorama no podía ser más terrible y desolador.

Copia de flagellum txillatum
Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas. A Jesús, le fue colocada sobre su cabeza, como emblema irónico de su realeza, un casco de espinas, probablemente para ello se empleara el Zizyphus o Azufaifo, llamado Spina Christi , de espinas agudas, largas y corvas, y muy abundante en la zona.

La crucifixión

Los romanos utilizaban tres tipos de cruces para sus ejecuciones:

La crux decusata, conocida como cruz de San Andrés, tenía la forma de X.

La crux commissata, o cruz de San Antonio, parecida a la letra T.

La crux immisa, es la llamada cruz latina que todos conocemos.

Como era la costumbre Jesús fue obligado a cargar con el patibulum de la cruz desde el lugar de la flagelación al lugar de la crucifixión, colocado sobre ambos hombros y con el traqueteo de la marcha éste hacía que los espinos del casco se clavaran más profundamente en la cabeza.

Con un presumible agotamiento extremo y debilitado por la pérdida de sangre y el dolor de las laceraciones, tuvo que caminar un poco más de medio kilómetro para llegar al lugar del suplicio.

Antes de comenzar el suplicio de la crucifixión, era costumbre dar una bebida narcótica a los condenados; con el fin de mitigar un poco sus dolores y paliar la más que posible deshidratación. Cuando presentaron a Jesús este brebaje, no quiso beberlo (según sus cronistas).

Con los brazos extendidos, las muñecas eran clavadas en el patíbulum, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo eran, probablemente, puestos entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos carpianos, ya sea cerca o a través del fuerte ligamento carpal transversal (flexor retinaculum) y los ligamentos intercarpales. En estos lugares aseguraban el cuerpo.

La posibilidad de una herida periósea dolorosa fue grande, al igual que la lesión de vasos arteriales tributarios de la arteria radial o cubital. El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor, semejantes a descargas eléctricas, en ambos brazos.

Los pies eran fijados al frente del estipe por medio de un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano. El nervio profundo peroneo y las ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del pie fueron afectados.
CRUCIFIXION1

San Meliton de Sardes escribió: “los padecimientos físicos ya tan violentos al hincar los clavos, en órganos por extremo sensibles y delicados, se hacían aun más intensos por el peso del cuerpo suspendido de los clavos, por la forzada inmovilidad del paciente, por la intensa fiebre que sobrevenía, por la ardiente sed producida por esta fiebre, por las convulsiones y espasmos, y también por las moscas que la sangre y las llagas atraían.

Analizar desde la óptica del sudario de Turín la posible supervivencia de Jesús requiere una pregunta previa ¿Fue el cuerpo de Jesús el que envolvió la síndone?

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El primer escollo a superar es la datación de la antigüedad de la propia síndone, pero una vez superadas las teorías que hablaban de una falsificación de la Edad Media, si parece plausible que el lienzo tenga la antigüedad requerida para ser la mortaja de Jesús, al lector que desee profundizar más les remito a mi libro “El Enigma de la Sábana Santa de Plasencia”, pero lo que no podemos afirmar nunca desde el punto de vista científico que el controvertido lienzo envolviera el cuerpo del nazareno, podemos decir que todo apunta a que la impresión del lienzo presenta a una persona que sufrió el mismo maltrato que Jesús, con detalles sobre la crucifixión que parece ser sólo sufrió el propio Jesús, pero no podemos afirmar empíricamente que fuera él el cuerpo que presenta la síndone, quedando esta cuestión fuera del ámbito científico.

Sin embargo haciendo uso del cálculo de probabilidades y partiendo de consideraciones objetivas sí podemos afirmar que la probabilidad matemática de el tema en cuestión es altísima a favor de que realmente la síndone envolviera el cuerpo de Jesús. Para ello tomemos en consideración una serie de características del hombre de la síndone y enfrentémosla tanto a los evangelios, como a los estudios científicos, y como no, a los usos y costumbres que los romanos aplicaban a la ejecución mediante la crucifixión:

1º.- Es sabido que la crucifixión era la forma de ajusticiar más deshonrosa y que estaba reservada a los asesinos y criminales de más baja condición sin descartar también a los reos por crímenes políticos, por tanto, el castigo no terminaba con la muerte del reo sino que el desprecio al cadáver, como manifestación ejemplarizante, era casi tan importante como la ejecución, ya que de no ser así los verdugos emplearían otro método que no les comportara tanta labor. Por todas estas cuestiones es difícil que un crucificado tuviera una sepultura según los cánones, sin embargo, tanto Jesús a través de las citas evangélicas como el hombre de la síndone fueron envueltos en un lienzo (mortaja) tras la muerte.

2º.- No existe ninguna referencia histórica que indique que los crucificados se les pusiera un casco de espinos, las referencias evangélicas nos hablan de una corona de espinas y la imagen de la síndone evidencia un casco de espinas.

3º.- Lo habitual para acelerar el fallecimiento del reo era quebrar las piernas del mismo y que muriera por asfixia, aquí de nuevo coincide el evangelio de Juan con la imagen del lienzo ya que las piernas no están rotas.

4º.- En el lienzo no existen restos de descomposición, luego la exposición del cadáver en el lienzo fue breve; otra cosa es la impronta del cadáver que no analizaremos en este artículo y que continúa siendo un misterio, el cadáver fue descolgado, envuelto y de manera apresurada depositado en la tumba, debemos recordar la cercanía de la Pascua y la prohibición de realizar trabajos y tener contactos con cadáveres, la tumba no se visitó hasta el amanecer del domingo encontrándose sólo los lienzos.

Atendiendo a estas consideraciones podemos afirmar que con toda probabilidad el crucificado de la síndone sólo tiene explicación en la figura de Jesús de Nazaret.
El lector que tenga interés en profundizar en estos datos puede acudir a los trabajos de Giulio Fanti y Emanuela Marinelli, quienes afirman: “Es más probable sacar 52 veces el mismo número en la ruleta que afirmar que la síndone de Turín no es autentica”.

Pero... ¿Qué nos dice el hombre de la síndone?

Todo el cuerpo que presenta la imagen de la sábana, tanto su parte frontal como dorsal, está cubierto de heridas de pequeño tamaño, pequeños círculos de unos 12 mm, separados entre sí pero unidos por una línea transversal difícil de apreciar a simple vista; vistas a la luz ultravioleta se muestran con un color azulado (típico de la sangre) enmarcadas con un halo de suero que las rodea.

18171_flagelacionLas lesiones están en todo el cuerpo, espalda, piernas, pecho, vientre, glúteos etc., pero respetando la zona del corazón, lo que demuestra la profesionalidad de los verdugos, quienes al infringir el castigo se preocuparon muy mucho en no asestar ningún golpe que fuera fatal. Sin duda alguna estamos ante las huellas de una flagelación romana infringida de manera sistemática, es decir, no se fustigaba al azar, ni con el cuerpo del reo en movimiento, sino que la flagelación tenía una finalidad en sí misma.

En la imagen existen una serie de manchas de sangre en la zona frontal, temporal, parietal y occipital. Todos los estudios están de acuerdo de que se trata de lesiones provocadas por objetos punzantes que, debido a su gran número, le produjeron una hemorragias múltiples y un agudísimo dolor. Experimentos médicos realizados para determinar el origen de estas heridas confirmaron que tan sólo un casco de espinas o púas podrían producirlas.

La región occipital presenta un mayor castigo, ello hace suponer que el hombre de la síndone, si fue Jesucristo, debió llevar la corona con el patíbulum sobre los hombros, conservándola en la cruz, confirmándonos este dato el que se distingan nítidamente los coágulos de la nuca, pues, si no hubiera llevado la corona durante el camino al Calvario y en la cruz, las caídas y la continua fricción contra el patíbulum hubieran deformado los coágulos.

Según Tácito, (Anales III,14) “los condenados a morir en la cruz debían llevar el patíbulum sobre los hombros hasta el lugar de ejecución, encuadrado entre cuatro soldados (el tetradiori) mandados por un centurión (el exactor mortis)” A este respecto el profesor Cordiglia dice: "Sobre el hombro derecho, región supra escapular y región acromial derecha, se observa una vasta zona excoriada y contusa, de forma casi rectangular, que se extiende algo oblicuamente de arriba abajo y de afuera adentro, de unos diez por nueve centímetros. Otra zona de iguales características se observa en la región escapular izquierda. Un examen atento de ambas zonas nos revela que sobre ellas ha gravitado, aunque fuera a través de alguna vestidura, un instrumento rugoso de considerable peso, de 14 centímetros de espesor, móvil y abrasivo, el cual ha allanado, deformado y vuelto a abrir las lesiones producidas por la flagelación, lacerando los labios de las heridas y produciendo otras nuevas. Este complejo traumático de contusiones y excoriaciones induce a pensar que ha sido causado por el patíbulum que el condenado sostenía transversalmente con ambas manos sobre los hombros en su viaje al lugar del suplicio (...), ahora bien, conociendo la talla del hombre de la síndone podemos deducir que sus brazos abiertos presentarían una envergadura de 1.65 metros, lo cual implica que aquel palo transversal pesaría unos 65 kilogramos (...). A cada caída del sentenciado, del tosco palo que llevaba a la espalda el hombre (...) al no poder sujetarlo con las manos, le rodaba sobre la espalda magullando la piel con su peso y con sus asperezas”.

En cuanto a la propia crucifixión el mismo Dr. Cordiglia nos ilustra: "La disposición de las manchas de sangre proclama inequívocamente y confirma que el hombre que ha dejado su impronta en la Síndone ha sido crucificado".CLAVO
El hombre de la Síndone presenta la herida de los clavos en la muñeca, no en la palma de la mano como se representaba tradicionalmente a Jesús crucificado. Pero es lógico: si hubiesen clavado al hombre de la síndone por la palma de las manos, se hubiera desgarrado la piel de las manos, y el cuerpo hubiera caído al suelo, podemos afirmar que el clavo que fijó los brazos atravesó la muñeca por el Espacio de Destot, un paso anatómico preformado y normal, camino natural por donde el clavo pasa fácilmente, y donde es mantenido muy sólidamente por los huesos del carpo y el ligamento anular anterior, sobre cuyo extremo superior se apoya. Este ligamento anular es tan fuerte que puede sostener, sin rasgarse, hasta 200 kg de peso.

Al atravesar el clavo el espacio de Destot, el pulgar se flexiona bruscamente (colocándose atravesado a la dirección de los demás dedos) por contracción de los músculos tenarios, mientras que los otros dedos se flexionaban sólo ligeramente, debido quizás a la excitación mecánica de los tendones musculares flexores mayores. Es por ello que en la síndone, las dos manos vistas por el dorso no presentan más que cuatro dedos. Los pulgares se hallan bajo las palmas".

En cuanto a los pies, la localización de la llaga del pie derecho es patente en la síndone, el pie derecho ha marcado su huella completa. Del izquierdo sólo se ve el talón y la parte central. Los dedos no aparecen, estando como encorvado sobre sí mismo, acentuando la concavidad de su planta. Esto nos indica que el pie izquierdo estuvo clavado sobre el derecho y cruzado sobre él: la planta del pie izquierdo sobre el empeine del derecho.

Al hombre de la Síndone le clavaron los pies directamente sobre el stipe, el izquierdo cruzado sobre el derecho, con un solo clavo, por el segundo espacio intermetatarsiano. La rodilla izquierda habría quedado doblada sobre la derecha, la hemorragia que produciría la entrada del clavo por ahí no es mortal y la sangre venosa debió chorrear principalmente después de que fuera retirado el clavo.

¿Desprende la sábana santa algún dato que pudiera darnos la posibilidad de la supervivencia del nazareno?

cristo velado

Antes de que Jesús muriese los sanedritas pidieron a Pilatos que ante la inminente llegada de la Pascua se rematara a los reos ya que en tan señalado día estaba prohibido que hubiera cadáveres que se pudieran visualizar. Según la costumbre romana el adelantar la muerte de los reos de crucifixión se realizaba mediante la técnica llamada “crurifragium” que consistía en quebrar las piernas a golpes, de ésta manera morían rápidamente por asfixia.

Fueron quebradas las piernas de los dos acompañantes de Jesús, pero al llegar a éste y observar que ya estaba muerto renunciaron a golpearle, lo que no fue óbice para que uno de los soldados le traspasara el pecho con una lanza a fin de asegurarse que el reo estaba muerto.

Los forenses explican que en la crucifixión la muerte puede producirse por tres mecanismos:

1. asfixia .- En la postura de la crucifixión, con los brazos soportando el peso del cuerpo, los movimientos respiratorios se hacen cada vez más difíciles y llevan a la insuficiencia respiratoria

2. Shock hipovolémico.- Ocasionado por la pérdida de líquidos, fundamentalmente sangre de las heridas de los clavos y los latigazos previos, en el caso de Cristo, pero también sudor y vómitos- que pueden llevar al fallo multiorgánico.

3. Shock traumático.- con componentes de los dos anteriores agravados por el intenso dolor ocasionado por múltiples heridas.

MIÑARROII
Cristo de Miñarro
Según los evangelios, al producirse la lanzada surgió de la herida sangre y agua, los médicos han determinado que el pericardio (especie de saco membranoso que envuelve el corazón) debió ser alcanzado por la lanza, se pudo ocasionar una perforación del ventrículo derecho o tal vez había un hemopericardio postraumático, o bien, fluido de pleura y pericardio, de donde habría procedido la efusión de sangre y agua.
Ante todas estas conjeturas sería extraordinario que Jesús no hubiese muerto en la cruz, sobre todo por todas las torturas que le habían infligido anteriormente; sin embargo, no era algo totalmente imposible, el historiador Flavio Josefo registra algún caso semejante en sus escritos, señala el profesor Miguel Lorente profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y especialista en análisis de ADN, a lo que añade otras circunstancias como la prisa de los discípulos, motivada por el miedo y por la proximidad del sábado, durante el que no podría hacerse nada; todo ello contribuye al posible y excepcional suceso de la supervivencia de Jesús.

Ese cúmulo de casualidades constituyen un verdadero milagro. En ese supuesto la resurrección como normalmente se entiende, como regreso de la muerte, se trataría de una resucitación biológica, un fenómeno en el fondo natural, pero extraordinario por las circunstancias que coincidieron en él.

La muerte y supervivencia de Jesús, afirma por su parte Miguel Lorente, es un milagro . Y no hay contradicción entre los hechos históricos, tal como él sostiene que fueron, y la idea de la resurrección como comúnmente la entienden los cristianos. Jesús venció a la muerte en unas circunstancias prácticamente milagrosas, y al reencontrarse con sus discípulos, éstos interpretaron como resurrección aquella resucitación biológica.

Cuando el centurión encargado de ejecutar el “golpe de gracia” atravesó el pecho de Jesús con su lanza, este se encontraba en un estado de «coma superficial o muerte aparente» Pero ¿Por qué no lo mató esa herida? Cabe la posibilidad de que la lanzada no fuera muy profunda, al realizarse en un ángulo muy agudo, ya que Cristo estaba situado mucho más alto que el soldado, y «el bisel de la propia herida pudo actuar como mecanismo de taponamiento y evitar una hemorragia copiosa», según el propio forense.

En este punto, las prisas fueron un factor clave en la supervivencia de Jesús: los soldados deseaban regresar a la ciudad cuanto antes porque al día siguiente era la fiesta de Pascua, y los amigos de Cristo querían bajarle de la cruz rápidamente y llevárselo al sepulcro de José de Arimatea, porque la ley judía prohibía enterrar un cadáver de noche y estar en contacto con cadáveres durante la Pascua que además coincidía con el sabat.

Miguel Lorente señala: «El descenso del cuerpo de Jesús supuso su colocación en decúbito supino, es decir, tumbado boca arriba, posición que permitió la redistribución de la sangre y con ella la revascularización cerebral y la disminución de la hipoxemia (falta de oxígeno en sangre) (...)». «...La propia acción del descenso de la cruz, unida a la preparación del cuerpo con sustancias de efectos terapéuticos (mirra y aloe), permitieron compensar el cuadro de 'shock' traumático causante del coma e iniciar una serie de cuidados para su recuperación, cuidados que debieron continuarse en otro lugar distinto al sepulcro y con medios diferentes».

Las conclusiones del profesor Lorente son sorprendentes. Por un lado, del análisis de las manchas de sangre y de la propia imagen que aparece en la reliquia (Sábana Santa) deduce que la persona envuelta por la sábana no había muerto: no presentaba la típica rigidez (rigor mortis) ni «livideces cadavéricas» (zonas del cuerpo donde se acumula la sangre por acción de la gravedad que adquieren un color rojo-violáceo). Por el contrario, el forense asegura que en el lienzo hay indicios de «signos de vitalidad». En ese sentido, recuerda que la sangre deja de coagularse unos 60 minutos después del óbito, por lo que un cadáver al que se le hubieran limpiado las costras de sangre reseca y barro de decenas de heridas habría producido una intensa hemorragia que no se aprecia en la reliquia. También alude a la posición de manos y dedos en la imagen de la sábana, a la contractura muscular y a la disposición del cuerpo, ligeramente incorporado, para concluir que aquel hombre no había fallecido.

 ¿Existen datos, pruebas o leyendas de un Jesús vivo después de su muerte?

Los Evangelios nos hablan de la tumba vacía y de las posteriores apariciones de Jesús en las que se presenta con un cuerpo consistente, material; ¿puede esto apuntar a que realmente Jesús no murió en la cruz? Sin duda este hecho no es determinante, ¿pero son determinantes las múltiples tradiciones y leyendas que nos hablan de un Jesús vivo y viajero tras la crucifixión?, muchos teólogos e historiadores así lo creen, pero juzgue el propio lector:

capilla de san ananías (damasco)
Capilla de San Ananías (Damasco)
Mir Kawand, un historiador iraní hace alusión a un lugar cercano a Damasco (Siria) que ostenta un curioso nombre: Maqam-Isa o Mayuam-i-isa, que significa “el lugar dónde Jesús vivió”. Con ánimo investigador el teólogo alemán Holger Kersten realizó entre 1973 y 1974 unos viajes por Asia visitando bibliotecas y estudiando tradiciones como la de Mayuam-i-isa al comprobar que ésta la confirmaba el Talmud de Jmmanuel, que indica como Jmmanuel (Jesús) fue a Damasco una vez tubo la última “aparición” a sus discípulos, viviendo en aquel lugar durante dos años. Curiosamente, es durante este tiempo cuando San Pablo se convierte tras su experiencia en el camino sudoeste de Damasco.

Son varios los historiadores que nos hablan de un periplo viajero de Jesús a quien acompañaban María y Tomás, concretamente el libro de historia conocido con el nombre Rouzat-us-Safa contiene en sus páginas 130-135 una sorprendente narración:

"Jesús (la paz sea con él) fue llamado Mesías porque fue un gran viajero. Llevaba una bufanda de lana en la cabeza y una túnica de lana sobre el cuerpo. Llevaba un bastón en la mano; solía viajar de un país a otro y de una ciudad a otra y, al caer la noche permanecía donde estuviera. Comía verduras silvestres, bebía agua del bosque y efectuaba sus viajes a pie. En uno de sus viajes, sus compañeros le compraron una vez un caballo; montó en él durante un día pero, al no poder obtener provisión alguna para alimentarle, lo devolvió. Viajando desde su país, llegó a Nasibain, que se encontraba a una distancia de varios centenares de millas de su hogar. Con él estaban algunos pocos de sus discípulos que fueron enviados a la ciudad a predicar. En la ciudad, empero, circulaban rumores erróneos e infundados sobre Jesús (la paz sea con él) y su madre. En consecuencia, el gobernador de la ciudad arrestó a los discípulos y después requirió la presencia de Jesús. Jesús curó milagrosamente a algunas personas y realizó otros milagros. Viendo esto, el rey del territorio de Nasibain con todo su ejército y su pueblo, se convirtió en seguidor suyo. La leyenda de la "bajada de los alimentos" que se contiene en el santo Corán pertenece a los días de sus viajes". (sic)

EL CORAN
El Iman Abu Jaffar Muhammad bin Jarir a-Tabri en 1880 escribió que Jesús y su grupo tuvieron que partir rápidamente de Nisibis debido a un clima de hostilidad que se había levantado allí contra ellos.

En la mayoría de las escrituras musulmanas Jesús es llamado Yuzu Asaf, puede entenderse que en los supuestos viajes después de la crucifixión Jesús hubiera preferido un cierto anonimato, sobre todo durante los primeros años en Anatolia, y cuando fuera necesario utilizar un nombre distinto. Sin embargo, se proporcionan amplias descripciones que no dejan ninguna duda que el hombre conocido como Yuzu Asaf es identificado con Jesús y con Issa.

En la ciudad de Herat, un explorador del Sufismo, O. M. Burke, se encontró con una secta de unas 1000 personas que son devotos de Yuzu Asaf a quien ellos también conocieron como Issa, hijo de Maríam. Su tradición habla de Issa el profeta de Israel, que habiendo escapado de la cruz, viajó a la India y se estableció en Cachemira. Él era considerado poseedor del poder para realizar milagros. El líder de la secta en ese momento (1976), Abba Yahiyya (Padre Juan), podía recitar los nombres de la sucesión de sus líderes y maestros a través de casi 60 generaciones hasta el propio Yuzu Asaf.

Dentro del Corán hay muchos versos que hablan de Jesús, y a menudo de María también, pero éstos no hacen ninguna referencia a su nacimiento o su vida pública, ni contiene ningún contexto geográfico y temporal definido. Una posible excepción, sin embargo, es el Surah 23:50, donde se dice:

"Y Nosotros hicimos al hijo de Marium [María] su madre una señal, y Nosotros les dimos un refugio en una tierra alta que tiene prados y primaveras". (sic)

En Pakistán oriental, al lado de Cachemira se puede encontrar una supuesta tumba de María en un altozano cerca de un pequeño pueblo llamado Murree o Mari. La tumba se llama Mai Mari da Asthan que quiere decir " el lugar de descanso final de la Madre María." Su tumba está orientada de este-oeste, como es la costumbre judía, en lugar de norte-sur como es la costumbre islámica.

Cerca de Srinagar, hay un monumento en la piedra: el Trono de Salomón, que lleva cuatro inscripciones, las últimas dos son muy interesantes aunque fueron mutiladas en la conquista de Cachemira por los Sikhs en 1819. Sin embargo, fueron descritas por el historiador musulmán Mulla Nadiri, en 1413. Una traducción inglesa dice:

"En este lugar Yuzu Asaf proclamó sus profecías. Año cincuenta y cuatro [en el reino de Rey Gopadatta].  Y Él es Jesús, el profeta de los hijos de Israel".

Dentro de la literatura hindú el Bhavishya Maha Purana contiene unos diez versos que indican que Jesús estuvo en India/Cachemira durante el reinado del Rey Shalivahan cuyo reinado se ha ubicado alrededor de los años 39 al 50. Se dice que el rey encontró a Jesús aproximadamente en un punto situado a 10 millas al nordeste de Srinagar donde hay una fuente de aguas sulfurosas, Durante el interrogatorio del rey acerca de quién era él, Jesús contestó que él era Yusashaphat (interpretado como Yuzu Asaf por K. N. Ahmad), y que él ha sido conocido como Isa Masih (Jesús el Mesías). Estos escritos datan del año 115.

Supuesta tumba de Jesús

Supuesto sarcófago de Jesús

Realmente podemos decir que no hay datos históricos que avalen ni la muerte de Jesús en la cruz ni su resurrección, sin embargo sí que hay indicios históricos de un hombre de ideas y filosofías idénticas a las de Jesús, que a partir de aquellos años marcha hacia el este, dejando testimonio de su vida y de sus actos. Leyendas, tradiciones y textos antiguos nos refieren esta segunda vida de Jesús al Norte de la India, por esos documentos sabemos que Jesús tuvo hijos en Cachemira, y que de resultas de esta unión con una mujer, un hombre, Basharat Saleem, puede afirmar hoy ser el descendiente vivo de Jesús.

El historiador oriental Shaikh al Sa'id-us-Sadiq, muerto en Khurasan en el año 962, hace mención de los viajes de Yuz Asaf en su libroKamal-ud-Din vas Tmam-un-Ni'mat fi Asbat-ul-Ghaibut was Ksf-ul-Hairet, llamado también Ikmal-ud-Din. Este libro es considerado por los orientalistas occidentales como altamente valioso. En él se describe la escena de la muerte de Jesús. Se dice allí que Jesús, al sentir la aproximación de su muerte, envió a buscar a su discípulo Ba'bat (Tomás) y le expresó su último deseo referente a la continuación de su misión. Indicó a Tomás que construyera una tumba sobre su cuerpo en el lugar exacto en que expirase. Se estiró entonces con sus piernas dirigidas hacia el oeste y su cabeza hacia el este y murió. Esta escena queda descrita en las páginas 357 y 358 del mencionado libro.

La tumba que, según el relato anterior, fue en principio erigida por Tomás sobre el cuerpo de Jesús en el sitio exacto donde éste expiró, está situada en el distrito Khanyar, en pleno centro de la ciudad de Srinagar. En la calle puede verse en un poste de tendido eléctrico un cartel azul con la inscripción en blanco "Rozabal", contracción de las palabas Rauza Bal. El nombre Rauza se aplica únicamente a tumbas de los profetas, mientras que las tumbas de los santos se llaman Ziarat. El edificio en sí es una construcción rectangular, a la que está adosado un pequeño vestíbulo de entrada. Detrás del edificio se extiende un camposanto musulmán. Todas las tumbas de este camposanto están orientadas, según la costumbre islámica, de norte a sur.

        

  El que tenga oídos que oiga.



















































































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