sábado, 1 de febrero de 2014

La miracolística y los fenómenos paranormales II

 
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Podría pasar por un milagro más, uno de tantos perdido en la noche de los tiempos donde la trasmisión oral habría dado un toque pintoresco a unos dudosos hechos. Pero no era así, aquel milagro del arroz atribuido a San Juan Macias no estaba perdido en la noche de los tiempos, tan solo data de mediados del siglo pasado existiendo aún personas que lo presenciaron, y por otro lado, el aspecto multiplicativo del milagro tan solo tiene, según mis datos, otra referencia histórica: la multiplicación de los panes y los peces realizada por el propio Jesucristo.
No sé por qué razón decidí que tenía que profundizar más en estos, cuanto menos extraños, acontecimientos y gracias a mi amiga Anabel conseguí entrevistarme con una de las pocas personas que vivieron en primera persona aquellos hechos, lo cual me permitía visitar, una vez más, la hermosa ciudad de Olivenza y recrearme en su singular arquitectura plagada de tintes manuelinos.
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La persona que íbamos a visitar se llama Fernanda Blasco Mendoza, testigo directo del hecho. Ella misma nos abrió la puerta de su casa, y debo decir que me sorprendió gratamente, ante mi tenía a una hermosa anciana de noventa años, alta y espigada y como vería después su claridad de ideas demostraban una plenitud psíquica tan buena como la física.
Nos condujo por un largo pasillo y nos acompañó hasta una salita donde una mesa camilla era escoltada por unos grandes sillones de nea, un ventanal daba a un patio donde varios naranjos daban sombra a un sencillo pozo, parecía haber retrocedido en el tiempo en aquella casa y su decoración acorde con una familia acomodada de principios del siglo XX, y en realidad aunque en aquellos momentos yo no lo sabía era así. A lo largo de nuestra conversación nos hizo saber que su padre era médico en los tiempos “en que la consulta era en casa y a cualquier hora del día o de la noche te llamaban” según sus propias palabras.


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Fernanda pertenecía al hogar de Nazaret, una institución religiosa cuya finalidad era y es la atención y protección a los niños más desfavorecidos. Para ponernos en situación Fernanda nos cuenta sosegadamente cual era la situación social que se vivía en Olivenza en aquellos durísimos años de la post guerra, la parroquia tenía un comedor que se surtía de donaciones que daban las personas con mayor capacidad económica y donde comían diariamente alrededor de 50 niños, asimismo, los domingos suministraban comida también a los más pobres que se hacinaban en dos dependencias: la Casa de Todos y el Cuartel. La situación en la Casa de Todos era caótica, las familias apenas tenían separación entre ellas, mucho mejor en el Cuartel “donde al menos tenían las separaciones de las cuadras que servían para una mayor intimidad de la familia” esta aclaración de Fernanda llegaba con la serenidad no exenta de amargura de los muchos años transcurridos.

san juan macias


.- El domingo del milagro no había llegado ninguna donación y Leandra tan solo tenía tres tazas de arroz. Estaba muy agobiada. Hizo un caldo suave y puso el arroz en un anafre con carbón vegetal, cuando se marchaba exclamó: ¡Ay beato, y tus pobres sin comida!
.- ¿Había mucha devoción en Olivenza por el beato?
.- ¡No, qué va! Aquí al beato no se le conocía, pero Leandra era de Ribera del Fresno, el lugar donde nació el santo, y el párroco D. Luis Zambrano era de Fuente del Maestre… Como le decía, Leandra se marchó y cuando volvió se encontró con que el arroz rebosaba saliéndose del perol, asombrada llamó al hogar, recién terminada la misa y D. Luís y yo fuimos allí.
.- Luego, ¿Vd. no estaba al principio del milagro?
.- No, yo doy fe de lo que vi. Estando yo allí pude ver como se llenaban de arroz ollas de 12 o 14 litros; del fondo de la olla salía el arroz, como si brotara. Estuvo saliendo arroz desde la una del mediodía hasta las cinco de la tarde. La olla en ningún momento se levantó del fuego y tampoco se añadió agua, ni carbón, ni sal.
.- ¿Esto lo vio mucha gente?
.- Todo el que quiso, incluso personas que estaban de visita en el pueblo se acercaron para ver aquel milagro.
.- ¿Comieron mucha gente?
.- Comerían como unas trescientas personas.
Conversamos largo y tendido. Fernanda nos enseñó ejemplares de L’Osservatore Romano del día de la canonización del beato, nos permitió leer la investigación realizada por la Santa Sede sobre el milagro y el interrogatorio al que fue sometida junto a muchas personas más.


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Sobre el paño de ganchillo descansaba el libro y los ejemplares de L’Osservatore, mientras aquella maravillosa mujer nos desgranaba anécdotas y detalles incansablemente. Por expreso deseo de ella no publicaré ninguna foto suya -aunque existen fotos en la prensa- ella no quería protagonismo, “vosotros me habéis buscado a mí, no yo a vosotros”


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Un hecho extraordinario sucedió en aquella ciudad fronteriza, un hecho que hoy a la luz de la ciencia no tiene explicación, y algo extraordinario sucedió en aquella entrevista, algo que daré a conocer una vez investigado y que publicaré junto a las fotografías de Fernanda cuando el tiempo lo permita.

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